Siete días en Islandia – Día 4

Habiendo recuperado ya el aliento después de ver el espectáculo de cascadas del día anterior , continuamos nuestro camino antes de que amaneciera hacia el glaciar de Jökulsárlón. De pronto vimos que había un grupito de gente y un autobús aparcados al  lado derecho de la carretera y decidimos parar a ver qué había, además de los espectaculares colores del alba que se empezaban a asomar. Pues eran unos campos de musgos que cubrían kilómetros de piedras, que en otro tiempo fueron lava basáltica expulsada por el volcán Grímsvötn. ¡Una auténtica sorpresa para nosotros que solo pasábamos ahí por casualidad!

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Mientras, el camino nos iba regalando estampas como éstas…

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Cascadas en medio de la nada

Seguimos por la Ring Road hasta el desvío que nos llevaría a la Cascada de Svartifoss.  Aparcamos, pagamos el parking en los datáfonos dispuestos para ello y nos fuimos al centro de información para que nos dijeran cómo llegar a la cascada, ya que no se veía ninguna entrada o cartel  que nos indicara el camino. También aprovechamos para preguntar sobre las posibilidades de hacer alguna excursión en la zona. Pues bien, la atención no fue pésima sino lo siguiente. El trato terrible por parte del personal de (des)información. Lo que nos dijeron y nada son básicamente lo mismo.  Al final pudimos enterarnos del camino a seguir gracias a una señora que estaba limpiando por los alrededores y, claro, de las excursiones no supimos nada.

En fin, que para llegar a la cascada tienes que dirigirte hacia la izquierda, si tomas como referencia que estás al frente del centro de información. Caminas como unos 5 min y cruzas hacia la derecha apenas veas los cartelitos con las indicaciones. Subes por una cuesta durante unos 40 min y justo a la izquierda encontrarás un mirador desde el cual podrás ver buena parte de Skeiðarársandur, la extensión  de arena glaciar más grande de Islandia que alcanza unos 1000 mts2.

Una vez hayas descansado y te hayas deleitado con las vistas, sigues tu ruta hacia la derecha, caminas unos 10 minutos y ya verás a lo lejos como empiezan a asomarse las columnas basálticas de Svartifoss y su caída de agua.

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Svartiffoss

Desde aquí, lo que toca es descender e ir a su encuentro. Eso sí, baja con cuidado y asegúrate de llevar unas zapatillas de trekking con cierta adherencia porque con la humedad en la piedra, el terreno se vuelve mi resbaladizo.

Y ahora sí, disfruta de las vistas, que te las has ganado. Relájate con el sonido de la caída de agua y, si no hay gente como nos pasó a nosotros, regálate unos instante de paz frente a esta maravilla de la naturaleza.

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Svartifoss

Nos preparamos para nuestros 40 minutos de descenso y para recorrer otros 50 minutos en coche hasta Diamond Beach, una playa de arena negra que pertenece Breiðamerkursandur, una lengua del glaciar Vatnajökull ubicada junto a Jökulsárlón. Sí, ya sé que los nombres no son de lo más fácil de recordar pero te garantizo que apenas estés construyendo tu ruta de viaje, estarás más que familiarizado con ellos 😉

Lo espectacular de esta playa se debe a la presencia de icebergs que vienen de Jökulsárlón y que son arrastrados hasta su orilla, creando un contraste precioso con la playa de arena negra. Además, sus formas y colores crean la sensación de estar viendo inmensas rocas de diamantes esparcidas por toda la playa.  Por toda esta vistosidad y “rareza”, este lugar se ha convertido en los últimos años, en uno de los sitios favoritos de fotógrafos y amantes de la naturaleza.

DIAMOND BEACH

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Nosotros llegamos sobre las tres de la tarde, ya casi con los últimos rayos del sol del día. Como el cielo estaba despejado tuvimos una luz preciosa que se entremezclaba con los casquetes de hielo y la arena negra, ¡todo un espectáculo! Había gente, sí, pero podías moverte y hacer fotos sin problema. Incluso tuvimos la posibilidad de volvernos a prometer. Entre tantos diamantes, no queríamos desaprovechar la oportunidad 😛

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Y como aún quedaba un poquito de luz, cogimos el coche y nos fuimos finalmente a Jökulsárlón. Ya en ese momento, teníamos al lago glaciar más grande de Islandia solo para nosotros: ¡un lujazo como pocos!

Al encontrarnos por primera vez en un lugar así, los dos estábamos completamente maravillados con lo que estábamos viendo. Solo había un gran silencio entre ambos, y un gran agradecimiento al universo por tener el privilegio de estar en un sitio como éste.

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Yo no a sé vosotros, pero a mí se me corta la respiración de solo verlo. No hay palabras para describir tanta belleza, por eso he preferido dejaros las fotos para que juzguéis vosotros mismos y decidáis si definitivamente Islandia y Jökulsárlón serán vuestra próxima parada.

Y ya por fin, cuando definitivamente se fue el sol y no pudimos exprimir más la poca luz que quedaba nos fuimos a nuestro alojamiento, el Hali Country Hotel. Un hotel 3* que ofrece una atención estupenda y cuyas cenas son deliciosas también. Además de esto, cuenta con un pequeño museo dedicado al escritor Thórbergur. Vale mucho la pena porque te ayuda a entender un poco más la historia y la cultura de la región.

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