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Siete islas que nunca visitarás:…avisado estás…Parte II

 

Sigamos conociendo algunos lugares de la tierra que nunca visitarás. Si en la Parte I del artículo eran islas en las cuales tu integridad física o mental podían verse afectadas, en esta segunda parte conocerás algunas de las islas más surrealistas del mundo.

La Isla de la Muñecas

Aquel que tenga pediofobia –miedo a los muñecos- puede saltar a la siguiente isla, por favor.

Nos encontramos en los Canales de Xochimilco, en la Laguna de Teshuilo, al sur del centro de la Ciudad de México. La isla es una chinampa: antiguo método de balsas cubiertas con tierra, para cultivar flores y verduras.

Esta isla, antigua propiedad de Julián Santana, está repleta de muñecas rotas y deterioradas. Muchas de ellas cubiertas de telarañas e insectos, dando un aspecto dantesco a toda esta chinampa.

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¡Qué agradable!… foto tomada de Wikipedia

La leyenda cuenta que una joven murió ahogada entre los lirios del canal, y que su cuerpo fue encontrado por Julián en su chinampa.  Este comenzó a experimentar situaciones inexplicables, por lo que empezó a colocar muñecas en su isla como protección, creyendo que dichas muñecas ahuyentarían el alma de la joven.

Poco a poco, la fama de la isla fue en aumento, creciendo el número de visitantes, que obsequiaban a Julián con más muñecas, haciendo de la isla un mundo surrealista en todos los sentidos.

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Hoy en día la isla es visitable, aunque si eres supersticioso, o sensible, mejor que lo dejes para otro día…

 

Isla de Hashima – la Isla Fantasma

Esta isla se encuentra a unos 20 Kilómetros del puerto de Nagasaki, en Japón. Es una de las 505  islas deshabitadas de la Prefectura de Nagasaki. Pero no siempre fue así. En 1887, después del descubrimiento de una veta de carbón en el subsuelo, a unos 200 metros por debajo del nivel del mar, surgen los primeros poblamientos.

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Ubicación de la isla. Foto tomada de Google Earth

En 1890 Mitsubishi compra la isla para empezar su explotación industrial. Y esta no paró  hasta 1974, año en el que se abandona la isla, dado el empobrecimiento del carbón en beneficio del petróleo.

Hashima tiene unas dimensiones diminutas: 480 metros de largo por 150 de anchura máxima. También llamada Gunkanjima, nombre que significa isla del Acorazado, dada la forma que adquirió, después de que la amurallaran por completo, para protegerla del fuerte oleaje de la zona y de los tifones que suelen azotar esa parte de la nación nipona.

Lo especial de esta isla, así como lo tremendamente asfixiante, es saber que en ese espacio tan minúsculo, la densidad de población ha sido de las más altas del mundo. En 1959, alcanzó las 83.500 personas por kilómetro cuadrado, llegando a tener en las zonas residenciales 139.100 personas por kilómetro cuadrado. Un auténtico enjambre de abejas, teniendo en cuenta el tamaño de la isla -apenas 1 kilómetro cuadrado-.

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El agobiante proyecto arquitectónico del Acorazado

Las condiciones de los trabajadores y sus familias en Hashima distaban mucho de ofrecer la calidad de vida media de cualquier persona. Los apartamentos eran realmente pequeños, con baños compartidos normalmente. Incluso los obreros que venían de países como China o Korea eran tratados prácticamente como esclavos. La única casa que no era compartida en la isla era la del director de la mina, simbólicamente ubicada en lo más alto del Acorazado.

En 1945 ya habían muerto unos mil trescientos obreros debido a las duras condiciones de trabajo en los túneles, a las enfermedades y a la desnutrición. No existía ninguna zona verde, y algunos mineros traían tierra de islas cercanas para cultivar sus frutas y verduras. Eso sí, siempre en la azotea de los edificios, ya que el carácter mineral del suelo, lo invalidaba para intentar plantar cualquier cosa.

En enero de 1974, Mitsubishi anuncia el cierre de la mina en el gimnasio de la isla. Tres meses después, la isla quedaba completamente abandonada. Desde entonces se convierte en la Isla Fantasma. En el 2002 la empresa nipona cede la isla a Nagasaki, que a partir del 2009 recupera alguna zona para abrirla al turismo -antes solo podían visitarla periodistas e historiadores bajo permiso especial-. Con lo que esta isla  es visitable, aunque su lamentable estado de conservación la hace especialmente peligrosa en muchas zonas. Es digno de conocer los testimonios de turistas contando la sensación de mundo apocalíptico, al caminar por la misma.

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Para el que quiera visitar la isla sin necesidad de moverse de su silla, Google Street View ofrece un tour impresionante por la Isla Fantasma.

 

Isla de Norh Brother

North Brother Island está situada a apenas unos kilómetros de los grandes rascacielos que dibujan el cielo de New York. Ubicada exactamente en el East River, entre el Bronx y Rikers Island. Mide 400 metros de largo por unos 250 metros de ancho.

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La ubicación de North Brother Island rodeada de la jungla de asfalto. Foto tomada de Google Earth

La isla estuvo deshabitada hasta finales del siglo XIX, cuando se decide trasladar el Riverside Hospital allí. Este hospital estaba especializado en el tratamiento de la viruela y en dejar en cuarentena a personas que padeciesen enfermedades contagiosas. Desde ese momento, la maldición de la isla parece que se ceba con todo aquel que se acerque a la misma o se atreva a permanecer allí.

En 1904, el Ps General Slocum: un barco de vapor de rueda lateral de transporte de pasajeros naufraga en las costas de la isla debido a un incendio. El escenario no puede ser más dantesco: 100 personas fallecen quemadas y ahogadas en el siniestro.

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Fotografías de la época del hundimiento del Ps General Slocum. Foto tomada de nypl.org

En el fondo era un lugar oscuro y de reclusión para todos aquellos que contraían una enfermedad contagiosa, ya que les aislaban en este lugar para, en muchas ocasiones, no salir nunca de allí.

Un ejemplo de esto lo tenemos en Mary Mallon. También conocida como María Tifoidea, fue la primera persona reconocida en Estados Unidos como portadora sana con patógenos asociados a la fiebre tifoidea. Se dice que contagió a 53 personas, de las cuales murieron tres. Mary fue recluida en North Brother Island durante dos décadas hasta su muerte en 1938. Poco tiempo después el hospital cerró sus puertas definitivamente.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la isla acogió a algunas familias de militares, aunque unos años después volvió a ser abandonada.

Ya en la década de los 50 se creó un centro de desintoxicación para jóvenes con problemas de drogadicción. Pretendía convertirse en un centro de tratamiento, educación y rehabilitación de jóvenes toxicómanos, especialmente heroinómanos. Pero lo que quería convertirse en un centro de rehabilitación se convirtió en una pesadilla oscura para muchos pacientes que por allí pasaron. Apena una década después, el centro tuvo que cerrar dado el alto nivel de corrupción interno y continuos casos de reincidencia de sus pacientes.

Hoy en día el acceso está restringido por razones de seguridad, y por ser una zona de anidamiento de algunas colonias de aves -alguna especie ha abandonado la isla sin que se sepa el motivo-. Aunque si quisieras ir, primero tendrías que pedir permiso al Departamento de Parque de la ciudad de Nueva York. Una vez el permiso concedido, tendrías que alquilar un barco, algo nada barato por otro lado. Después de alquilar el barco, tendrías que buscar una zona para desembarcar, ya que todo está en ruinas y no es tarea nada fácil. Al llegar a la isla, lo primero que tienes que evitar es la hiedra venenosa que lo inunda todo. Después de esto, el propio estado de las edificaciones: intentar evitar agujeros tapados por vegetación, no pasar demasiado tiempo en edificios muy deteriorados hechos completamente de amianto, caer a algún foso de antiguo de aislamiento de enfermos, sin poder pedir ayuda ya que te encontrarías solo…

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Por supuesto, no faltan las historias de aventureros y periodistas que han visto presencias u oído largos lamentos, por ese ambiente tan denso y oscuro que se respira en la isla.  ¿Te darías un viajecito si fueras a New York?

 

El Faro Pridrangar – La Isla del Fin del Mundo

Y es que el sobrenombre no puede estar mejor descrito. Al sur de Islandia, al oeste de un conjunto de islas denominadas Vestman, se encuentra esta Isla del Fin del Mundo. El conjunto donde se encuentra este faro está compuesto por tres picachos de roca sobresaliendo del bravo Océano Atlántico.

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Foto tomada de Google Earth

Este faro fue construido en 1939 en la formación rocosa “más grande” de estos tres salientes rocosos. Se encuentra a una altura de 36 metros, en la cima de una escarpada y muy peligrosa roca, y la única forma de acceder a él es por helicóptero, dado que se construyó en la misma época de la edificación de este pequeño faro, la mini plataforma para que se pudieran llevar las labores de vigilancia y mantenimiento.

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Un poco complicado llegar por barco… Foto tomada de Alberto Sánchez

Imagínate las labores de construcción en 1939, sin tener ningún tipo de acceso a la cima. Aquellos aguerridos trabajadores islandeses, tuvieron que construir peldaño a peldaño de forma totalmente artesanal y portar todo el material de construcción hasta la cima.

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Faro no apto para claustrofóbicos. Foto tomada de nauticalnewstoday.com

Hoy en día el faro funciona de forma automática mediante energía solar. Si te gustan los precipicios, lugares remotos y no te agobian las estrecheces, puedes convencer a algún piloto islandés a que te de una vuelta por allí. A ver si te atreves…

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Como verás, cuando creías que lo conocías todo, todavía existen lugares en la tierra prohibidos, vetados, censurados y terriblemente peligrosos. ¿Te animarías a conocer alguno?

 

 

 

 

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Siete islas que nunca visitarás: …avisado estás… Parte I

Y es que en este mundo globalizado en el que creemos que todo está más que visto, y cualquier punto de nuestro planeta puede ser visitado cuando queramos -siempre que el tiempo y, en algunos casos, nuestro nivel económico, nos lo facilite…-, estamos más que equivocados.

De vez en cuando nos podemos llevar ciertas sorpresas, como las que os muestro a continuación. A vuestra elección queda el visitar las islas que os voy a presentar en este reportaje. El aventurero avezado que se atreva a sobrepasar la línea de lo legal o lo seguro es más que probable que le vaya a picar el gusanillo, pero más vale que calme su sed de intriga en el sofá de su casa, puesto que en algún caso podría hasta peligrar su vida…avisado estás

 

Isla Sentinel del Norte – Si vas, te asesinan…

Para empezar, nos vamos hasta la Bahía de Bengala. Justo al este de la India, cerca de la costa de Myanmar, aunque perteneciendo al país hindú, se encuentra la Isla Sentinel Norte, perteneciente a una serie de islas denominadas Islas Andamán.

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Ubicación de la Isla Sentinel del Norte. Foto tomada de Google Earth

En esta isla, con una extensión de 72 Kilómetros cuadrados, viven entre 50 y 400 sentinelenses, un pueblo indígena de piel oscura y unos modales dignos de no conocerlos nunca… cualquier intento de poner un pie en su isla será recibido con un aluvión de flechas.

Y es que este pueblo indígena es de los muy escasos conocidos que no tienen -ni han tenido apenas- contacto con el mundo moderno. Realmente poco sabemos de sus habitantes. Por lo que se cree, no conocen la agricultura y, seguramente, ni siquiera dominan el fuego, con lo que estamos hablando de una población anclada en el pasado más remoto del ser humano. Su idioma es totalmente desconocido, incluso irreconocible para las poblaciones de las islas colindantes. Tampoco se sabe cuantos miles de años llevan aislados, lo que les ha hecho extremadamente indefensos frente a las enfermedades de hoy en día.

Cualquier intento de exploración de la isla o conocimiento de su población por parte de científicos o exploradores ha resultado ser siempre un fracaso, ya que el deporte nacional de sus habitantes es asesinar a todo aquel que se acerque a sus costas, las cuáles a su vez están rodeadas por arrecifes de coral inexplorados que impiden el cómodo acceso a la misma. Hasta para los propios sentinelenses es problemático el salir de allí -aunque no parece que esto les afecte mucho-, ya que se cree que poseen barcas muy rudimentarias para pescar en lagos interiores de la isla.

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En el 2004, un helicóptero de la guardia costera india sobrevoló la isla para comprobar el estado de esta después del devastador tsunami del Océano Índico. El indígena muestra su hospitalidad habitual. Se comprobó que la isla salió indemne del tsunami…como siempre… foto tomada de Taringa.net

En 1880 se realizó una expedición hasta la isla. Después de unos días de exploración se consiguió capturar a dos nativos adultos y cuatro niños. Cualquier tipo de intento de comunicación o conocimiento de costumbres con los cautivos tuvo un final desastroso: los adultos murieron por algún tipo de enfermedad contagiada por el “mundo occidental”, y los niños fueron devueltos a la isla…

En la década de los 70 han sido varias las expediciones que han intentado algún tipo de comunicación o pacificación con los sentinelenses, con resultado nefasto una vez más. En 1974, un equipo del National Geographic quiso realizar un documental de la isla pero, como ya sabemos que es costumbre, fueron recibidos con piedras y flechas, teniendo que  huir rápidamente. No se salvó inmune su director, que volvió con una flecha en el muslo. En 1981, la nave de carga Primrose tuvo la desgracia de naufragar en la costa de la isla. Los nativos rodearon el barco y en varias ocasiones intentaron abordarlo. La tripulación del Primrose pidió rescate urgente aéreo e incluso que les tiraran armas en paracaídas para poder defenderse. Felizmente, después de una semana de asedio, fueron rescatados por helicóptero, salvando milagrosamente su vida. El barco ha sido desguazado por la tribu, seguramente para construir más flechas o piezas para sus barcazas…

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Estado actual del Primrose desguazado por los sentinelenses…foto tomada de Google Earth

Desde hace unos años el gobierno indio ha creado una zona de exclusión que rodea la isla, para proteger por un lado, a los pobladores de la isla de la vulnerabilidad de nuestras enfermedades y, por otro, defender a las personas que tengan curiosidad por conocer puntos vírgenes de nuestro planeta. Son ya muchos los asesinatos perpetrados por los sentinelenses y las autoridades indias han dado la orden de intervenir en el próximo caso violento que se produzca en la isla… ¿Te atreves a hacer una excursión?

 

Ilha da Queimada Grande – Isla de las Cobras

Cuando creías que no podía haber nada peor que intentar explorar una isla y que te asesinen… taráaaaaannn!!! Os presentamos la isla más peligrosa del mundo. En esta ocasión debemos irnos al Océano Atlántico, frente al estado de São Paulo. La Ilha da Queimada Grande es una porción de tierra de 43 hectáreas, en la cual vive una de las especies más venenosas del mundo de víboras: la Yarará.

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Ubicación de la Isla de las Cobras. Foto tomada de Google Earth

La Bothrops Alternatus, comúnmente llamada Yarará, tiene un tamaño aproximado de 170 centímetros y su rango de acción se establece en Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina. La ponzoña de esta “angelita” contiene una mezcla de coagulantes, hemorrágicos, necrotoxinas y, según dicen, también anti-coagulantes. Una joyita de la naturaleza…

Para terminar de acongojarnos, te cuento que la Yarará que puebla la isla de las Cobras -endémica de la misma-, es la Yarará Dorada, cinco veces más venenosa que su prima del continente americano.

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Yarará Dorada, preciosa… pero altamente mortal… Foto tomadade Wikipedia

 

En la isla no hay ninguna playa, solo se puede acceder a ella a través de rocas repletas de percebes que te destrozarán las manos al escalar. Según las últimas estimaciones hay unas 5000 serpientes pululando por la isla. Otros cálculos más conservadores cuentan “tan solo” una serpiente por metro cuadrado. De una forma u otra, si todavía no se te han quitado las ganas de ser aventurero valiente, contarte que la Armada brasileña prohíbe a los civiles a visitar la isla. Solamente, en ocasiones muy contadas, a científicos acreditados se les permite pisar la isla.

Para terminar, contaros una leyenda que dice que en la isla, hace tiempo, vivía un farero y su familia en el faro que hoy se muestra en su cima, abandonado.  Esta familia -con el trabajo más infame que uno se pueda imaginar…-, vivió en el faro hasta que las serpientes entraron en su casa. Cuenta la leyenda que mientras intentaban huir fueron mordidos por las serpientes que colgaban de las ramas de los árboles. Una historia más terrorífica que cualquier película de género…

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Faro abandonado de la Isla de las Cobras… un trabajo bien pagado me imagino… Foto de taringa.net

Para terminar, y como anécdota, decir que en nuestro país, en la costa valenciana, se encuentra la Isla Columbretes, nombre proveniente del romano Colubraria, sustantivo que crearon para llamar a esta isla, que en época romana estaba repleta de serpientes, aunque hoy en día, prácticamente no queden vestigios de las mismas.

 

Poveglia – la isla de los Muertos

¡Qué fantástico sobrenombre! No es muy acogedor saber que hay una isla llamada la Isla de los Muertos. Mejor ni acercarse a ella, por si acaso.

La Isla de Poveglia es una pequeña isla situada entre Venecia y Lido, en la laguna de Venecia, al norte de Italia. Sus dimensiones son escasas, 0,0725 Kilómetros cuadrados, pero su larga historia está llena de muerte y oscuridad.

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Isla de Poveglia, al norte Venecia, foto tomada de Google Earth

Desde la Edad Media, las plagas y enfermedades asolaron Europa por oleadas. Las grandes ciudades comerciales eran un foco de entrada natural por el trasiego que tenían, convirtiéndose en las grandes perjudicadas.

En el siglo XIV, la peste negra fue especialmente virulenta en las islas del Veneto, atestando las calles y canales de cadáveres. Todos los rincones eran propensos a la llegada de la epidemia. En estas condiciones tan extremas, las autoridades decidieron llevar a los cadáveres a un lugar común, intentando de alguna forma frenar el avance de de la dama negra. Y ese lugar no fue otro que la Isla de Poveglia, con lo que la isla poco a poco se fue llenando de cadáveres apestados. El pánico a la enfermedades fue cada vez a más, así que ya no solo llevaban cadáveres, sino moribundos, e incluso sospechosos de haber contraído la enfermedad.

En unos meses se llevaron más de 160.000 personas.. Eventualmente, miembros de la guardia veneciana, tenían el infame trabajo de apilar los restos y quemarlos posteriormente para evitar la propagación de la peste, o que los pájaros destrozaran los cadáveres… así que imagínate el suelo de hoy en día de la isla, mezcla de tierra y ceniza de cientos de miles de cadáveres.

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Isla de Poveglia. Foto tomada de El Salvador.com

Si no teníamos suficiente con esto, a principios del siglo XX, a alguien se le ocurrió la brillante idea de crear en esta isla un hospital psiquiátrico. Según cuentan, muchos de los pobres locos llevados a la isla, eran visitados por los espíritus de la peste, que vagaban sin descanso fusionados con la tierra. Pero vamos, como estaban locos, como os imagináis nadie les hizo caso. El caso es que la isla tiene algo que atrae a lo oscuro, al mal, a lo maldito… tanto es así que el director del psiquiátrico, no sabemos exactamente el motivo, empezó a realizar oscuros experimentos con sus pacientes, intentando que estos dejaran de tener visiones de espíritus u oír constantemente quejidos.

Este doctor, después de acabar con la vida de varios pacientes, empezó a sufrir el acoso constante de los espíritus que antes habían visitado a sus pacientes. Tan es así,  que un día, ni corto ni perezoso, subió hasta la torre del hospital y se arrojó al vacío con el rostro desencajado por el terror.  Aún hay más: parece ser que no murió en la caída, pero la densa bruma de la isla “se le introdujo” por sus orificios, muriendo ahogado entre horribles estertores.

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Al final, después de ser abandonado el hospital, varios han sido los compradores de la isla, que siempre han acabado por colgar el cartel de “se vende”, ante la insistencia de los fenómenos extraños que allí suceden, y que, según cuentan, todavía se producen.

Como anécdota, contarte que los únicos visitantes de la isla son algunos vecinos de la zona, que cultivan uvas, dado el “valor orgánico” de esa tierra… ¿probarías dicha fruta crecida en un mar de cenizas humanas?

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Otoño en el monasterio de Piedra

 

Para nadie es un secreto que mi estación favorita es el otoño: la temperatura, los colores de los árboles, el azul del cielo, todo es más bonito, o al menos a mí así me lo parece 🙂 En tal sentido, cada año trato de conocer por lo menos un sitio nuevo donde poder apreciar las bondades del otoño en todo su esplendor.

En esta oportunidad, os contaré acerca de una muy buena opción para visitar durante todo el año pero que durante estos días reluce aún más. Se trata del Monasterio de Piedra. Un paraje natural de intensa y salvaje belleza, localizado a 25 Km de Calatayud, Aragón, y a unos 220 Km de Madrid.  Fue declarado paraje pintoresco en 1945, clasificado como Monumento Natural en 1983 y en 2011 recibió la Medalla al Mérito Turístico por el Gobierno de Aragón. Por todo esto y mucho más, la visita al Monasterio de Piedra y el paisaje que lo rodea queda certificada como un “MUST”  de no perderse si visitas la Comunidad Aragonesa.

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En cuanto al monasterio sabemos que fue fundado por los monjes del Císter en el siglo XII, pero la comunidad religiosa lo abandonó definitivamente en el año 1835. En el siglo XIX lo adquirió la familia Muntadas, que lo transformó en hotel y habilitó el entorno natural para hacerlo visitable.

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¿Dónde se compra la entrada al Monasterio de Piedra y cuánto cuesta?

Puedes comprarlas online o directamente en el monasterio. Si la compras por la web obtendrás un 10% de descuento y te ahorraras pasar por la taquilla. En este caso, debes tomar en cuenta que NO PUEDES COMPRAR LAS ENTRADAS EL MISMO DÍA DE LA VISITA  y NO OLVIDES LLEVAR TU ENTRADA IMPRESA. Si te has decidido a último momento, deberás comprarla obligatoriamente directamente en la taquilla del monasterio.

Precios

Adulto:                     16 €                                        On line: 14,40 €

Niño (4 -11 años):   11 €                                       On line:   9,90 €

Senior (> 65 años):  11 €                                      On line:   9,90 €

Parque y Spa:           38 €                                      On line:  34 €

La entrada incluye la visita al parque, visita guiada al monasterio cisterciense S. XIII y exhibición de aves rapaces (según temporada).

La opción de Spa, además de la visita del parque y del Monasterio, incluye un circuito termal cuya duración es de 75 minutos. El acceso está permitido a personas de 14 años o más. Incluye toallas, chanclas y gorro, y es obligatorio llevar traje de baño. Por el alquiler de la taquilla se paga un euro adicional.

¿Qué ver en el Monasterio de Piedra?

Lo primero será hacer la visita guiada del monasterio, claro. Los primitivos edificios monacales oscilan entre el gótico, el renacimiento y el barroco. Quedan todavía restos de cuando el recinto estaba amurallado, en particular la torre del homenaje. En su interior se puede visitar la iglesia, el claustro y la sala capitular. Y en el exterior, los restos de la abadía.

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Igualmente se visita el Museo del Vino D.O. Calatayud, perteneciente a la Ruta del Vino, la Exposición de Carruajes y la Exposición de la “Historia del Chocolate”. En nuestra visita, solo pudimos ver la Exposición de Carruajes.

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Lo que más nos gustó de la visita fue…

sin duda, sus espacios naturales. Después de cumplir con la visita guiada del monasterio que, aunque está bien, no nos produjo un “efecto wow” ni mucho menos… nos introdujimos de lleno en el parque. El follaje amarillo cubría el suelo y las copas de los árboles; las cuevas, lagos y bosques nos iban dando la bienvenida a nuestro paso, y las cascadas provenientes del Río Piedra nos terminaron de convencer de que esos más de 200 Km que nos habíamos hecho, sí que habían valido la pena.  La Cola de Caballo, la cascada de Venus, el lago del Espejo, el túnel de los Enamorados… son parte de la lista de los “monumentos naturales” que le han otorgado a este paraje sus tan merecidos reconocimientos.

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Este año seguramente el monasterio brillará con una luz más especial aún. Por una parte, se conmemoran 800 años desde su consagración y, por la otra, gracias a las copiosas lluvias que hemos tenido este año, no dudo de que sus cascadas estarán especialmente caudalosas lo que le otorgará más espectacularidad aún a este bosque maravilloso.

Por todas estas razones, no te puedes perder este otoño el monasterio de Piedra.

 

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Diez razones para amar el otoño

Para muchos, el fin del verano implica el fin de las vacaciones, de la playa y de la felicidad. “Ahora toca esperar otro año más para poder disfrutar de toda la diversión, descanso y posibilidad de viajar que nos ofrece esta época”, es el pensamiento que se repite entre los numerosos vacacionistas que llenan playas, aeropuertos y carreteras durante la época estival.

Sin embargo, para mí, el otoño es la mejor estación del año, no solo por la extraordinaria belleza de sus colores sino por la amplia variedad de posibilidades que ofrece a la hora de elegir un destino de viaje y a precios considerablemente más bajos que en la estación precedente.

Desde el 21 de septiembre y hasta el 21 de diciembre podemos elegir hacer todo lo que nos gusta: ir a la playa, hacer senderismo, irnos de crucero, hacer rutas culturales, disfrutar de la gran oferta teatral que ofrece Madrid, ir a la caza de bosques de color terracota, peregrinaciones, rutas de mercadillos navideños,  ir detrás de auroras boreales y hasta esquiar.

Si no me crees, te dejo una lista con 10 tipos de viaje o experiencias que puedes llevar a cabo durante el otoño:

  1. PLAYA, PLAYA Y MÁS PLAYA: que sí, hombre, que si te metes al agua el 22 de septiembre no te conviertes en piedra. Te queda hasta un mes más para darte un buen baño y disfrutar de la playa sin tener que bajar a poner la sombrilla a las 7 de la mañana y sin tener que estar sentado en la toalla del vecino por falta de espacio. De hecho, es cuando más calentita está el agua. Y ya no hablemos de precios: encontrarás ese hotel en primera línea de playa, a la mitad del que pagaste el año pasado cuando tuviste que caminar media hora con sombrilla, esterilla, neverita y hasta el cocodrilo inflable del pequeño de la casa porque fue lo mejor que pudiste conseguir. Entre las opciones seguras están el Levante, las Baleares y, por supuesto, las Canarias, que son la opción ganadora durante todo el año.

 

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TURQUÍA – 1 NOV 2014

2. CRUCEROS: la demanda de este tipo de viajes, también baja y, por ende, los precios. Por muy poco dinero puedes dormir en camarotes de lujo, en régimen todo incluido y conocer y recorrer diferentes ciudades y países en pocos días. Las ofertas más asequibles desde España son los barcos que hacen rutas por el Mediterráneo, o que salen desde el sur con destino a las Islas Canarias y Marruecos. Otro motivo, para no deprimirte por la falta de mar después del verano 😉

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CRUCERO POR EL MEDITERRÁNEO A BORDO DEL RIVIERA – 24 OCT 2017

3.  RUTAS CULTURALES: las posibilidades culturales que existen son casi infinitas, desde rutas gastronómicas, pasando por rutas históricas, arquitectónicas, museísticas… hasta mercados medievales. A finales de septiembre, por ejemplo, tiene lugar en Burgos el fin de semana Cidiano: una propuesta cultural, turística y gastronómica que homenajea la figura del héroe castellano más legendario. En Madrid, puedes disfrutar de las mejores rutas guías de la mano del mejor guía con el que me he topado nunca: Jesús Morón. La temática que ofrece es muy variada y entretenida, Jesús sabe muy bien cómo transmitir sus conocimientos y hacer que la audiencia se enganche a sus visitas.

Escaparse a alguna ciudad europea también puede ser una buena elección a la hora de organizar tus vacaciones en esta época. Depende del mes que elijas, las temperaturas serán más  o menos amables, y tendrás la  oportunidad de visitar, sin hacer largas colas, castillos y museos. Además de lo conveniente de los precios en billetes y hoteles.

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PARÍS – NOV 2013

4.  OTOÑO TEATRAL: comienza el otoño y con él la temporada teatral. En Madrid, por ejemplo, la oferta es numerosa y variopinta. Hay para todos los gustos: comedia, drama, monólogos, musicales. Estos últimos sigue apostando por puestas en escenas de largas temporadas en cartelera como El Rey León, o con los estrenos de uno de los musicales más apasionantes del mundo actual como lo es Billy Elliot.

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MUSICAL EL REY LEÓN

¿Y aun así te atreves a decir que Madrid te aburres?

  1. CASA RURAL Y SENDERISMO: con un poco menos de calor, el cuerpo pide casita rural, tacita de bebida caliente frente a la chimenea y alguna rutita chula para caminar. La excusa perfecta en esta época es la de recoger setas. Aunque si no eres un conocedor experto en la materia, es mejor que te mantengas al margen y te dediques a contemplar a la gente que va con sus cestitas por los bosques. Una buena ruta en la Sierra de Madrid es la del Valle del Lozoya, ahí podrás darte un banquete recogiendo boletus, níscalos, setas de cardo, etc. Pero si lo de las setas nos es lo tuyo, puedes hacerte unas buenas rutas por el Cañón del Río Lobos, la Laguna Negra de Urbión, ambos en Soria, o por el nacimiento del Río Mundo en Albacete, por ejemplo.
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BUITRAGO DEL LOZOYA – OCT 2011

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SIERRA DE GREDOS – OCT 2015

6. CAZA DE BOSQUES DE COLORES: en lo personal, ir en busca de árboles con hojas amarillas y rojizas es lo que más adoro del otoño. Cada año hago una lista de los sitios con los bosques más bonitos y al menos uno de ellos cae como visita segura un fin de semana. El norte y noreste de España son una apuesta segura cuando hablamos de paisajes de ensueño. En el pirineo navarro destaca el Valle del Baztán y la Selva de Irati. Si nos movemos un poco más al este encontraremos el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido: una auténtica paleta llena de colores. Y si no nos queremos ir tan lejos, el Monasterio de Piedra también es una excelente opción.

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MONASTERIO DE PIEDRA – NOV 2012

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PARQUE NACIONAL DE ORDESA Y MONTE PERDIDO – OCT 2016

En este apartado, las opciones son muchas y su belleza inefable. Así que lo que te recomiendo es que cada año, hagas al menos una ruta a uno de estos sitios. Es un espectáculo de color y de naturaleza que no tiene desperdicio.

7.  PEREGRINACIONES: la ruta de peregrinación por antonomasia en España es sin duda el Camino de Santiago. Bien sabemos que lo que induce a la gente a hacerlo no son siempre motivaciones de tipo religiosas, más aún, me atrevería a decir que es lo que menos. La mayor parte de las personas que hacen el Camino es porque busca conectarse consigo mismas, conocer gente de otras nacionalidades, tener la experiencia de vivir con lo justo, conocer España andando, en bici o en caballo y/o hacer un turismo económico. El Camino se puede hacer durante todo el año y hacerlo desde la ciudad o pueblo que quieras, o incluso salir desde casa si así lo quisieras. La ventaja de hacerlo en otoño es que no encontrarás los albergues tan llenos como en verano, la cantidad de gente también disminuye y gozarías de temperaturas ideales para recorrerlo.

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CAMINO DE SANTIAGO – SEP 2004

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CAMINO DE SANTIAGO – OCT 2017

8. MERCADILLOS NAVIDEÑOS: los mercadillos ya huelen a invierno, a Navidad, pero no… lamento recordarte que seguimos en nuestra franja comprendida entre el 21 de septiembre y el 21 de diciembre, así que entra en nuestra lista de actividades otoñales =)  De hecho, la fecha predilecta para recorrerlos es la comprendida entre el puente de la Inmaculada y la Constitución siendo los lugares ideales para visitar la región de Baviera en Alemania o de Alsacia en Francia.

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NUREMBERG – 2017

9. BÚSQUEDA DE AURORAS BOREALES: la mejor época para ver auroras boreales discurre entre octubre y febrero. Eso sí, si decides irte tras la luminosidad de las auroras recuerda que como cualquier otro fenómeno de la naturaleza, su aparición es impredecible y no hay nada asegurado. Por su parte, los mejores lugares para verlas, como es lógico, se encuentran en el eje más septentrional del planeta: Islandia, Finlandia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Alaska, Canadá y Siberia, serán una apuesta casi segura para verlas y para disfrutar de paisajes extraordinarios. Así que hagamos de las auroras la excusa perfecta para conocer los sitios más fríos del planeta sin morir en el intento y con cara de felicidad XD

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AURORAS BOREALES EN ISLANDIA (foto tomada de Islandia 24)

10. COMIENZA LA TEMPORADA DE ESQUÍ: a finales de noviembre/principio de diciembre se abre la temporada de esquí en numerosas pistas de España, Andorra, Francia y Portugal. En Suiza, se inicia todavía antes: a finales de octubre. Con la temporada de esquí en marcha se va despidiendo el otoño y se va abriendo paso el invierno. El paisaje terracota/amarillento se desvanece invadido por las cotas cubiertas de nieve, y el sonido de las pisadas sobre las hojas secas es sustituido por el sonido sordo del invierno y el crujir de la nieve bajo nuestros zapatos.

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ALTO CAMPOO – 2011

Con estas razones espero haberte convencido de que el otoño es la mejor estación del año, el que más posibilidades de viajar te ofrece: la naturaleza cambia ante tus ojos, la demanda hotelera y de servicios baja, los precios también. Puedes pasar de meterte en las cálidas aguas del mediterráneo a deslizarte en esquí por los alpes suizos. No hay limitaciones. Ya no hay razones para deprimirse por el fin del verano. Así que coge tus maletas y márchate a hacer lo que más te guste.

#OtoñoLovers

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El Camino portugués de la costa en 4 días – Segunda parte

Después de haber visto la previa del Camino en la primera parte del artículo, y una vez realizados todos los preparativos previos a la partida la noche anterior en el Parador de turismo de Baiona, nos dispusimos a descansar todo lo posible para empezar con energía y motivación al día siguiente.

Día 1: Baiona – Vigo

No podíamos empezar el Camino sin degustar los magníficos desayunos que siempre ofrece Paradores de Turismo. Si no habéis estado nunca en uno de ellos, os invitamos de verdad a que preparéis alguna estancia en España, en uno de sus alojamientos. Y si lo hacéis, pecado capital será el no haber contratado el magnífico desayuno buffet continental del que disponen.

Abandonados al placer de su desayuno, la partida de Baiona se retrasó un poco. Tampoco nos urgía salir excesivamente pronto, ya que habíamos visto que la etapa no iba a ser ni excesivamente larga (27,1 Km.), ni excesivamente dura (desnivel bajo).

Cuando empezamos a caminar, nos dimos cuenta de lo que estábamos hablando; el recorrido abandona Baiona, pero va recorriendo diferentes pueblos: A Ramallosa, Nigrán, Coruxo.., sin perder casi en ningún momento la costa. El Camino en general es muy relajante al principio, muy pegado al mar en todo momento, para meterse un poco en interior, más adelante, adentrándonos ya en los famosos bosques de eucalipto gallegos (curiosamente árbol que fue especie introducida, ya que no existía en Galicia). Realmente el Camino en ese primer día discurre por todo tipo de terrenos: paseo por costa y por playa, camino de asfalto, carretera, pista forestal… pero en general, el día se convierte en un paseo placentero hasta prácticamente llegar a Vigo, donde ya las urbanizaciones extrarradio empiezan a prevalecer sobre la naturaleza.

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Ya que no habíamos pensado donde dormir ese día, y el Camino “rodea” a Vigo por su parte interior, en un momento determinado decidimos parar para desviarnos hacia la costa de la ciudad pontevedresa.

“Tenga en cuenta el concheiro, que el único albergue para peregrinos en la zona de Vigo es el Albergue de Peregrinos O Freixo, situado un par de kilómetros antes de llegar a la ciudad.”

Una vez recorridos los kilómetros “de más”, ya nos encontrábamos buscando un alojamiento pegados al puerto. Encontramos el Eurostars Mar de Vigo, un Hotel de cuatro estrellas que nos brindaría las comodidades necesarias para afrontar el siguiente e intenso día de Camino.

La cena no fue el punto fuerte del Hotel, pero sin duda que la comodidad de su bañera y su cama, nos hizo la estancia más que agradable.


Datos primer día

  • Recorrido: Baiona – A Ramallosa – Nigrán – Coruxo – Vigo
  • Distancia: 27,10 Km.
  • Desnivel / Dificultad: bajo
  • Servicios: Apenas algún restaurante durante el recorrido. Ojo, no despistarse con esto, podríamos quedarnos sin comer hasta prácticamente la entrada a Vigo.
  • Alojamiento: ¡¡NADA!! Durante el Camino no encontramos alojamiento alguno. Pensad que este Camino es realmente poco transitado aún, aunque ya van diciendo los lugareños de la zona, que últimamente se están viendo más peregrinos de lo que se veía antes, así que seguramente en breve la oferta de alojamientos peregrinos no faltarán… Tan solo a la entrada de Vigo hay un desvío de Camino que nos lleva al Albergue de Peregrinos de O Freixo, cuidado no pasarse las señales, ya que nos desvía del Camino.
  • No perderse: Recorrer las playas que van pegadas al Camino en vez del Camino que va pegado a las playas 🙂

Día 2: Vigo – Pontevedra

Nuevamente el segundo día realizamos el cargamento adecuado a nuestros estómagos, proveniente del Buffet que nos ofreció el Hotel Eurostars. Esta vez sí que pudimos disfrutar de un ágape digno de un peregrino hambriento. Una vez abandonamos el hotel, cogimos un taxi para retomar el Camino desde donde lo dejamos (ya que distábamos los nada desdeñables 6 Km. desde el Hotel hasta la continuación del mismo). Nada más coger el taxi, el conductor nos comenta: “¡Ah claro! Os dejo en el Camino de traída de agua”. Nos miramos un poco extrañados sin saber bien que decir, aunque el chófer nos comenta que deja a muchos peregrinos allí, así que no nos preocupamos más de saber dónde nos llevaba aquel taxi.

Subimos a la parte de alta de Vigo y nos dejó en un pequeño camino de asfalto, ya por esas horas bastante concurrido de ciclistas. Empezamos a caminar siguiendo un tramo que en su parte derecha estaba decorado con los colores característicos de este Camino, el verde y el amarillo, formando unas olas infinitas…

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El Camino de tríada de agua o Senda del agua, es una ruta natural de Vigo que discurre por diversos caminos en los que un canal transportaba agua desde el embalse de Eiras, en Fornelos de Montes, hasta Vigo. Todo este tramo, hasta Redondela, discurre por una zona de gran belleza, entre bosques y riachuelos, y desde ella se contempla buena parte de la ría de Vigo y curiosas perspectivas del Puente de Rande (puente que cruza la ría de Vigo). Además, es un camino en el que no hay apenas pendiente, con lo que el tramo se hace de manera muy agradable.

Una vez llegados a Redondela (15,70 Km. desde Vigo) hicimos un pequeño descanso para dilucidar si seguíamos caminando hasta Pontevedra o nos quedábamos antes. Nos decantamos por lo primero, así que sin pensarlo mucho más nos pusimos las mochilas a la espalda y encaramos la segunda parte del día. Nos esperaban 18,50 Km. para llegar a nuestro destino.

“Para aclarar al lector, el Camino portugués de la Costa y el Camino portugués tradicional, se unen en este punto, en Redondela. Desde aquí convergen en uno solo hasta Santiago de Compostela.”

Durante nuestro recorrido esos dos días, veíamos numerosas flechas azules en sentido contrario al que íbamos. Asimismo, nos encontramos a algunos peregrinos en sentido contrario al nuestro y, aunque no es extraña esta situación -muchos peregrinos una vez llegados a Santiago o Finisterre deciden volver por el mismo Camino por el que habían venido…-, sí que nos extrañaba que este Camino portugués tuviera tanto peregrino de vuelta…

A las afueras de Redondela, una señal nos aclaró la situación: las flechas azules son indicativas del Camino de Fátima, al norte de Lisboa, también lugar de peregrinación de miles de personas. No es extraño que algunos peregrinos, una vez completado el Camino de Santiago, partan hacia Fátima.

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Yo a Santiago, tú a Fátima…

Ya empezamos a ver desde hace un rato campos de viñas, muchas aldeas con los típicos hórreos y cruceiros y casas nobiliarias y pazos de gran porte durante el camino.

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Cruzamos el puente espectacular de Sotomaior, sobre el río Verdugo.

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Puente de Sotomaior

Finalmente, después de más de nueve horas de caminata, llegamos a Pontevedra. Nos alojamos en el Albergue de Peregrinos de Pontevedra, a la entrada de la ciudad, pegado a la estación.

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Albergue de Pontevedra La Virgen Peregrina

Primera noche en Albergue de Peregrinos, y primera noche en la que el Camino portugués ya es uno, con lo que la afluencia de peregrinos en el mismo es masiva. Un choque para lo que estábamos viviendo estos días anteriores. El Albergue dispone de cocina, se puede comprar comida para cocinar en él. Nosotros nos decantamos por salir a comer a un bar a unos minutos del albergue, pero no hay que despistarse, ya que el albergue cierra sus puertas a las 22 horas. Esa noche pudimos disfrutar del cambio de hora de octubre y poder dormir una hora más, aunque Bea se tuviera que ir a dormir a la sala de masajes por culpa de los ronquidos generalizados en el barracón que era la habitación…

El cuerpo ya empieza a resentirse en algunas zonas, mañana nos queda un día duro…


Datos segundo día

  • Recorrido: Vigo – Teis – Redondela – Arcade – Bergunde – Pontevedra
  • Distancia: 34,10 Km.
  • Desnivel / Dificultad: bajo – medio (primera parte hasta Redondela bajo, segunda parte medio)
  • Servicios: En esta etapa se puede empezar a disfrutar de bastante oferta gastronómica, sobre todo desde Redondela, donde confluyen los dos Caminos. Nosotros comimos a las afueras de Redondela en la Pizzería Pachani a la altura de la carretera, a pie de Camino, áltamente recomendable.
  • Alojamiento: Como era de esperar igualmente, desde que convergen los caminos en Redondela la oferta hostelera aumenta exponencialmente. Desde el Albergue de Peregrinos Casa da Torre, en Redondela, hasta el Albergue de Pontevedra, La Virgen Peregrina, en Pontevedra, el tramo entre estas dos localidades posee hasta 6 albergues más, todos ellos privados
  • No perderse: Sin duda, la Senda del Agua es un camino espectacular, tanto por su recorrido, como por sus vistas a la ría de Vigo. También podemos deleitarnos con la gran cantidad de hórreos de este tramo, así como el puente de Sotomaior.

Día 3: Pontevedra – Padrón

Despertamos pronto ese tercer día dispuestos a comernos los kilómetros que nos separaban de nuestro siguiente destino. Ya que nuestro tiempo era limitado, y no queríamos volver a casa sin la victoria de llegar a Santiago, decidimos que algún día deberíamos de hacer una etapa de esas de “no pain, no glory”. Y este día llegó. Ante nosotros teníamos dos etapas hechas una: 42 Km. por delante, y unos cuerpos algo ya resentidos de los kilómetros recorridos hasta Pontevedra.

Así que comenzamos antes del amanecer, para aprovechar al máximo posible el día. Cruzamos Pontevedra en plena noche y ya cuando había amanecido completamente, desayunamos en uno de aquellos sitios peculiares del Camino. Dentro de una parcela privada, en la que parecía ser el antiguo garaje de un chalet, habían acondicionado una sala, con una serie de máquinas expendedoras de bebidas y comidas, así como un baño completo -hasta con ducha!!-. Todo un lujo de “oasis” en medio de la nada. Un pequeño buzón en una de sus paredes, para poder dar un donativo voluntario, para que todo siguiera estando tan bien acondicionado como estaba. Sin duda, el desayuno fue el más frugal de todos, pero fue tan completo en todos los aspectos, que partimos de aquel lugar, encantados.

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Un Oasis en el Camino

Continuamos recorriendo caminos, aldeas, sendas… pasando por vías férreas, viendo gran cantidad de cruceiros, mojones con distancia peregrinas y viñas, gran cantidad de ellas. Y tanto va el cántaro a la fuente… que al final decidimos comer alguna que otra uva para calmar la ansiedad. Con tal mala suerte que me produjo un reacción alérgica bastante severa (soy alérgico a algunos tipos de fruta). Afortunadamente estábamos en Caldas de Rey, a mitad de Camino, así que decidimos descansar, comer y ver como evolucionaba el brote alérgico.

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El hórreo típico

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Seguimos…

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Es difícil de perderse en el Camino.

Afortunadamente para todos, después de tomarme toda la medicación pertinente para paliar los síntomas -siempre viajan conmigo-, comer y descansar un rato, se fueron pasaron los síntomas iniciales, así que continuamos nuestro periplo diario, ya que hoy era una etapa en la que no podíamos escatimar nuestro tiempo (algo que sí nos pasó al final del tramo). Horas de camino caminando sin descanso, mientras veíamos el Sol poco a poco y plegando por el horizonte, y ya puesto el astro Rey, llegamos a lo que creíamos que era Padrón, nuestro destino final. Pero cuando preguntamos por el Albergue Municipal… cuál fue nuestra sorpresa al saber que estábamos aún en Pontecesures y que nos quedaban dos kilómetros más para llegar… un jarro de agua fría, después de más de diez horas caminando, y la noche ya cernida sobre nosotros.

Con nuestros cuerpos -bueno, sobre todo nuestros pies- doloridos, nos limitamos a intentar dejarnos llevar durante esos dos kilómetros que nos faltaban, resoplando por dentro y haciendo de tripas corazón, para llegar media hora después a Padrón.

Lo primero que hicimos al llegar fue cenar algo en un bar, ya que los estómagos ya estaban sufriendo igualmente. Después de calmar el hambre, intentamos buscar algún alojamiento sin mucho jaleo (o más bien ninguno). Así que seguimos “vagando” por Padrón en busca de lugar de pernocta.

Encontramos finalmente la Pensión Jardín: un humilde alojamiento regentado, por lo menos en ese momento, por una anciana que iba con un andador, y que curiosamente iba más rápida que nuestros doloridos cuerpos. Lugar limpio y decorado de forma muy peculiar, al mejor estilo barroco-rural-folclórico. De una forma u otra, agradecidos de llegar a nuestro destino un día más. Ya solo nos quedaba un día, aunque los pies de ambos empezaban a resentirse (muchos kilómetros, poco tiempo).


Datos tercer día

  • Recorrido: Pontevedra – Santa María De Alba – A Cancela – Caldas de Reis – Carracedo – San Miguel de Valga – Padrón
  • Distancia: 41,50 Km.
  • Desnivel / Dificultad: Medio, tramo largo y con bastantes desniveles, muy cortos, pero constantes.
  • Servicios: Al estar ya en pleno Camino portugués, numerosos servicios en todas las localidades
  • Alojamiento: Varios albergues privados vuelven a salpicar las diferentes poblaciones. Los albergues municipales del Camino se encuentran en Portas, Valga, Pontecesures y Padrón.
  • No perderse: En Caldas de Rey, la Iglesia de Santa María de Caldas (siglo XII). En Padrón no perderse si hay tiempo la Iglesia de Santiago, que custodia O Pedrón, un ara romana dedicada a Neptuno y donde se amarraría la Barca de Pedra -la barca donde irían los restos del apóstol, provenientes de Jaffa (Palestina) y que “milagrosamente” y sin usar ningún tipo de velamen o remo, llegaría hasta las costas gallegas-.

Día 4: Padrón – Santiago de Compostela

El último día recorriendo el Camino se nos antojaba un día largo a causa de las “heridas” acumuladas en las jornadas extenuantes a las que nos habíamos enfrentado en los días anteriores. Los más de 25 Km. restantes que nos quedaban eran ascendentes en su totalidad, ya que partíamos casi del nivel del mar, donde se encuentra Padrón, a los 253 m. sobre el nivel del mar de Santiago. Pero como no teníamos prisa, no había por qué tomárnoslo con prisa ninguna.

Recorremos pequeñas aldeas como Iria Flavia (sede episcopal de la iglesia católica hasta el siglo XI), Pousa, Rueiro, Cambelas

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Los últimos kilómetros del Camino transcurre ya por zonas del extrarradio ya intercalando bosque con urbanizaciones o zonas urbanizadas. Ya en la entrada de la capital compostelana, el acceso se puede hacer por dos caminos: ir por A Choupana, o por el histórico barrio de Conxo. Por cualquiera de las vertientes se llega a la Plaza de Vigo. Desde aquí se accede al casco histórico por la Porta Faxeira. La entrada tradicional de los peregrinos portugueses a la catedral se lleva a cabo desde la Praza de As Praterías.

Llegamos al fin a la Plaza del Obradoiro donde descubrimos la fachada principal de la Catedral De Santiago, en esta ocasión cerrada por obras y cubierta de andamios. El placer de haber llegado una vez más a destino cubre con creces cualquier tipo de incidencia como las obras que cubren la Seo compostelana.

Como llegamos a la hora de comer, antes que cerraran la cocina, comimos en el imprescindible para todo peregrino Casa Manolo. Ya que nos íbamos a quedar un día más en Santiago, dejamos para el día siguiente al visita a la Catedral, y nos dedicamos ese día a ir a recoger nuestra Compostela, para posteriormente ir a visitar nuevamente a nuestro amigo Diego.

Después de cuatro días de largas jornadas, dolores en las piernas, ampollas en nuestros pies, y alguna que otra reacción alérgica, llegamos nuevamente a nuestro destino del Campus Stellae. Ahora, como en las otras ocasiones, el kilómetro cero del resto de nuestras vidas empezaba a partir de aquí…

¡¡Ulteria et Suseia!!


Datos cuarto día

  • Recorrido: Padrón – A Escravitude – Rúa de Francos – Milladoiro – Santiago de Compostela
  • Distancia: 25,2 Km.
  • Desnivel / Dificultad: Media-baja, la jornada tiene un ascenso moderado y constante hasta llegar a Santiago
  • Servicios: Como en los días anteriores en los que ya habíamos coincidido con el Camino portugués tradicional, este día también podemos disfrutar de todos los servicios que nos podamos imaginar durante el trayecto. En Santiago de Compostela, como os podéis imaginar la oferta es infinita.
  • Alojamiento: En este día, aparte del Albergue de Padrón que comentamos en el día anterior, albergues municipales del Camino encontramos en Teo y, por supuesto, en Santiago de Compostela.
  • No perderse: En Iria Flavia, la Colegiata de Santa María de Iria, y contigua a ésta, el Cementerio de Adina, donde está enterrado Camilo José Cela. Las ruinas del castillo de A Rocha Forte (siglo XV). Y en Santiago de Compostela, donde merece la pena un artículo aparte, destacable la Rúa do Franco, quizás la más animada de la ciudad

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El Camino portugués de la costa en 4 días – Primera parte

En el año 2006 realicé por primera vez el Camino portugués. He de reconocer que hasta hace poco desconocía completamente que existiera un Camino portugués por la costa, así que en aquel momento me limité a seguir los tramos naturales del Camino luso, desde la frontera entre Portugal y España (Tui) hasta la ciudad compostelana. El Camino en aquella ocasión, me pareció uno de los más inhóspitos y solitarios de los que había realizado hasta el momento (había realizado ya el Camino francés dos veces -el Camino navarro y el aragonés-, el del norte y el inglés), y uno de los más bellos, fundiéndose el bosque y el mar en ciertos tramos, realzando la belleza de la costa atlántica. Nada tiene que envidiar el Camino del norte, abrupto y quizás, si se me permite usar la expresión, el más salvaje de los Caminos que he recorrido.

El año pasado, Bea y yo decidimos realizar un tramo de Camino. Eran ya varios años sin pisar suelo peregrino, y hay algo en el interior de cada persona que ha seguido las flechas amarillas del Camino que te impele a volver, da igual el tiempo que pase (para saber más del Camino, puedes ir a ¿Qué es el Camino De Santiago?). Así que estábamos casi convencidos de realizar el Camino portugués “tradicional”, cuando nos llegó información a través de Bea del Camino portugués de la costa. Cuando nos pusimos a investigar un poco sobre él, nos resultó súmamente interesante el recorrido.

Ya que no teníamos mucho tiempo para realizarlo, pero sí muchas ganas, nos dispusimos a hacer un Camino express de cuatro días, aunque intenso en kilómetros, ya que realizaríamos 125,55 Km. hasta Santiago. El ritmo medio de un peregrino con su mochila en el Camino es de unos 4,5 Km. por hora. Así mismo, la media de un tramo por día suele rondar los 25 Km. aproximadamente. Nosotros en esta ocasión deberíamos de saltarnos el protocolo tradicional del peregrino para ajustarnos a los días que teníamos para llegar a la capital compostelana. Ya que son varios los Caminos recorridos por ambos – incluida luna de miel…:)-, tenemos bastante experiencia ya en saber qué peso y cuáles son las condiciones a las que nos vamos a enfrentar. Aún así, nuestras inseparables amigas las ampollas -amigas de casi cualquier peregrino-, hicieron de alguno de nuestros días un auténtico calvario. Como dice un clásico entre peregrinos: “No pain, no glory”.

Un poco de contexto. El Camino portugués

Dentro de la infinidad de posibilidades que se nos ofrece para llegar a la tumba de Zebedeo, una más que interesante propuesta es la que nos da el Camino portugués. El kilómetro cero se encuentra en la capital lusa. Desde Lisboa, toma dirección norte, pero por el interior, hasta Oporto: unas 13 jornadas caminado -308 Km. aproximadamente-. Aquí es donde el Camino se bifurca, pudiendo el peregrino continuar su periplo tanto por la costa, como por el interior.

El Camino portugués de la costa entra en territorio español en A Guarda, mientras que el Camino portugués interior lo hace por Tui. Los Caminos volverán a unirse nuevamente en Redondela, continuado ya solo uno hasta Santiago de Compostela. En total serían unos 633 Km. para el Camino portugués por la costa, y de 550 Km. para el Camino portugués tradicional.

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El Camino portugués en sus dos vertientes

El previo…

Como hemos comentado antes, ya que disponíamos solamente de cuatro días para llegar a Santiago, estuvimos estudiando las diferentes posibilidades, decidiendo finalmente empezar en Baiona, a 125,5 Km de la tumba del apóstol. Teníamos muchas ganas de empezar en A Guarda, pero necesitábamos un par de días más, algo que se salía de nuestras posibilidades vacacionales. Una vez preparados los bártulos y hechas todas las comprobaciones sobre tramos y estancias (aquí tengo que reconocer que íbamos un poco más pez que en otras ocasiones, ya que volvíamos de un crucero y tuvimos tan solo un día para prepararlo todo…), nos dirigimos en coche a Santiago para iniciar nuestro Camino.

Un imprescindible en el Camino francés, aunque no pases por allí como peregrino, es la Pulpería Ezequiel, en Melide… Quien haya hecho el Camino francés y no haya comido en la Pulpería Ezequiel, no es peregrino…

 

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Podemos decir con toda tranquilidad, que Santiago de Compostela es para nosotros casi como una segunda casa. Ya casi todo es familiar, y hemos pasado tantos momentos allí, que nos podemos desenvolver sin nigún tipo de problema por sus enrevesadas calles del centro.

Como íbamos con el tiempo justo, ya que ese mismo día debíamos de llegar a nuestro punto de partida, que era Baiona, no nos entretuvimos en nada, salvo en ir a la Oficina del Peregrino a buscar la Credencial del Peregrino –pasaporte imprescindible para hacer el Camino-. Eso sí, visita imprescindible cada vez que vamos a Santiago, es la de ver a nuestro gran amigo Diego, en su establecimiento 25 de Julio. Él siempre como buen anfitrión, siempre nos trata como verdaderos reyes, y nos hizo el inmenso favor de llevarnos hasta Baiona.

Una vez en este maravilloso enclave portuario, pensamos que íbamos a empezar por todo lo alto el Camino, con lo cual decidimos pernoctar en el Parador de Baiona para empezar renovados completamente de cara a estos cuatros días de peregrinación que nos esperaban.

 

El atardecer en la ubicación del Parador -una antigua fortaleza construída en lo alto de una loma, en la península de Monterreal- es un deleite para hipnotizar a cualquiera. Con unas excepcionales vistas a las Rías Baixas y a las Islas Cíes, el encanto del atardecer desde sus muros, nos hizo el previo del Camino como un viaje iniciático hacia el lado más espiritual de uno mismo.

 

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Después de despedirnos de nuestro amigo Diego y de ver esa maravilla de puesta de Sol, nos fuimos a dar una vuelta por este delicioso lugar. Recorrimos su centro histórico, y degustamos en la cena, algún plato típico de la zona, para posteriormente volver a la habitación del Parador con la seguridad de que a partir del día siguiente, aunque fuera corta, íbamos a vivir una experiencia única para nuestros sentidos. Nuestro Camino estaba a punto de empezar…

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Seis destinos de lujo en el Mediterráneo

Como ya contábamos en nuestro post anterior, los días de crucero en el Riviera de Oceania Cruises han sido realmente inolvidables. La agencia Un Mundo de Cruceros junto con Pangea The Travel Store nos han invitado a vivir una experiencia de lujo “informal y casual” según ellos pero, según nosotros, ha sido una estancia llena de elegancia, buen gusto, gastronomía de primera línea y un servicio impecable.

Pero no solo el barco ha sido el responsable de que nos sintiéramos tan a gusto, también los destinos donde desembarcamos. Algunos nuevos para nosotros y otros no tanto, pero todos con una belleza especial que hace que la visita haya más que valido la pena.

El Riviera no hace una ruta circular ni mucho menos, sus itinerarios de viaje son diferentes entre sí. Nosotros, por ejemplo, embarcamos en Roma y terminamos en Barcelona, pasando por diversos puertos de Francia y España.

Itinerario de viaje

Día 1 – Roma.

Como ya sabéis, en Italia guardo afectos muy muy queridos, así que nos fuimos un día antes para darle la vuelta de rigor a la ciudad y ver a los amigos que nos ha ido regalando la vida. A la hora convenida, nos fuimos al puerto de Civitavecchia y nos fuimos en busca de la terminal donde estaría atracado nuestro barco. Una vez ahí, nos dieron el acceso correspondiente.

Apenas entrar, nos dimos cuenta de que era un barco con un aire exclusivo. No era exageradamente grande y, la decoración, aunque sobria, denotaba un cierto aire de distinción y elegancia. Nos fuimos directamente a nuestro camarote y nos encontramos con pequeños detalles, de esos que ya solo de verlos te alegran la vida. Entre ellos: una caja de bombones belga, una botella de vino tinto de Chianti y una cestita con frutas.

A continuación, nos dispusimos a dar una vuelta de reconocimiento por el barco, nos preparamos para nuestra cita en Martinis y luego nos fuimos a cenar al Red Ginger, especializado en platos asiáticos. ¡Una auténtica delicia!

Al terminar, nos fuimos directos a dormir. Habíamos tenido un día largo y nos tocaba recuperar fuerza.

Día 2: Villefranche-sur Mer (Niza)

Después de desayunar, nos preparamos para desembarcar en Villefranque-sur Mer, un puerto un pequeño y pintoresco ubicado entre Mónaco y Niza. Como ya habíamos estado en Mónaco en dos oportunidades, decidimos irnos a Niza, donde solo habíamos pasado de noche hace algunos cuantos años. Así que tomamos el tren y, por tan solo 3,60€, hicimos el trayecto Villefranche – Niza – Villefranche.

Como suele ocurrir con los cruceros, las visitas a las ciudades se deben hacer muy de prisa. Así que apenas bajamos en la estación de Nice Ville, nos dirigimos a la Avenida Jean Médecin. Pasamos por la Basílica de Notre-Dame de l’Assomption; por la Plaza Massena: la plaza principal de Niza, llena de bares, perfectos para tomarte un café mientras ves la gente pasar. Tiene un ambientazo y una luz preciosa; también nos detuvimos en la Promenade du Paillon, vimos como adultos, niños y hasta perros se divertían con los numerosos chorros de agua que emergían desde el suelo a capricho. Seguimos un poco más adelante hasta toparnos con ese mar tan azul y tan bonito. Finalmente, subimos hasta la Colline du Château para tener las vistas más bonitas de toda la costa.

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Durante este mismo día nos fuimos a recorrer la ciudad medieval de Èze. Esta vez lo hicimos en un tour guiado que se ofrecía a los pasajeros del barco y al cual fuimos invitados. Salimos en autobús desde el puerto de Villefranche. Recorrimos la vía serpenteante que bordea toda la costa azul mientras disfrutábamos de unas vistas espectaculares, pero las mejores aún estaban por llegar. En algún momento del camino nos desviamos y subimos durante unos cuantos kilómetros, al final del recorridos nos esperaba Èze para sorprendernos con su hipnotizante belleza.

Èze destaca principalmente por sus estrechas callecitas medievales, por sus fachadas de colores, por su jardín exótico que alberga diversas variedades de cactus y unas vistas increíbles de la costa azul. Una de las cosas que más me sorprendió de este pueblo es que parece una auténtica galería de arte a cielo abierto. Hay numerosas tiendas/galerías que exponen sus obras dentro y fuera de las mismas, y a mí, la verdad, todo lo que vi me encantó (y eso que no soy mucho de cuadros). También me cautivó el predominio del violeta a lo largo y ancho del pueblo. ¿La razón? la lavanda que se vende en todas las presentaciones posibles.

Día 3: Provence (Marsella)

Siendo Marsella una de las ciudades más grandes de Francia y habiendo tenido un solo día para recorrerla fueron pocos los sitios que pudimos conocer, pero sí pudimos al menos llevarnos un poco de la esencia de esta ciudad. La bienvenida nos la da su puerto, repleto de embarcaciones de todos los tamaños. Todo en la ciudad fluye en torno a él. Desde ahí subimos durante unos cuantos minutos hasta llegar a la Basílica de Notre-Dame de la Garde, también conocida como la Bonna Mère (la Buena Madre), a quien marineros, hinchas del equipo local, residentes y turistas rinden devoción.

La subida a la Basílica bien vale la pena, da igual que subas con el trencito de la ciudad o que subas andando, las vistas al puerto serán tu primera recompensa. También lo será la belleza del templo de estilo románico bizantino que te transportará seguramente a la Toscana y sus edificaciones renacentistas. En la cima del campanario se yergue una estatua de chapa de cobre dorado de la Virgen con el Niño de 11,5 metros. Da la impresión de que estuviese siempre vigilante y siempre protegiendo a los habitantes de Marsella.

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Virgen

Vistas

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Desde ahí, descendimos hacia el puerto nuevamente. Ya casi iba cayendo la tarde y, mientras, todo iba tornándose aún más bonito: las fachadas de los edificios junto al puerto, los barcos que lo ocupaban, las calles… Seguimos recorriendo por nuestra cuenta los tesoros de Marsella y nos topamos con el Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo dedicado a la conservación y estudio del patrimonio antropológico relativo a la zona europea y mediterránea. Este edificio se encuentra en el antiguo Fuerte de San Juan. Desde aquí se extiende una pasarela de de 130 metros de largo y que culmina con la Ville Méditerranée, un edificio con un diseño muy moderno y cuyo propósito es la crear un espacio de comprensión de la cultura mediterránea contemporánea. Este sitio nos encantó, sobre todo por su diseño y las espectaculares vistas al mar y a la Catedral de Marsella.

Puerto

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Catedral

Fuerte San Juan

Catedral

Villa Mediterranee

Día 4 – Sète

A primera hora de la mañana desembarcamos en Sète, una pequeña ciudad portuaria ubicada en la región de Occitania en Francia. Antes del crucero no teníamos ni idea sobre su existencia, así que íbamos con cero expectativa. Tan solo unos pocos pasos después, nos fuimos introduciendo en sus callecitas y canales y nos llevamos una muy agradable sorpresa. Una ciudad pequeñita nos daba la bienvenida, sus canales estaban bordeados por pequeñas embarcaciones que parecían ser de los vecinos de la zona; los puentecitos que unen las calles, como suele suceder en estos casos, otorgan mucho en encanto al lugar; muchos de los edificios que bordean la ría de estilo haussmaniano del s. XIX resaltan aún más su belleza.

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Seguimos caminando y nos topamos con una callecita comercial cuyo cielo eran unas sombrillas fucsias que además de proteger a los transeúntes del sol, llenaba de color el ambiente. Continuamos por una de las vías que llevan hasta el punto más alto de la ciudad, en la cima del Monte Saint-Clair. En el camino, encontramos casas preciosas con unas vistas alucinantes al mar. Después de un rato subiendo finalmente llegamos al mirador de Saint-Clair. Desde ahí se tiene una panorámica de 360º de Sète y sus alrededores.

También en la cumbre encontramos lo que para mí ha sido uno de los sitios que más me ha cautivado en todo el viaje: la Capilla de Notre Dame de la Salette, construida en 1861. Es una capilla pequeñita de techo abovedado y llena de frescos en su interior, donde también abundan los exvotos de sus feligreses. No sé explicar muy bien por qué, pero mientras estuve dentro de la capilla pude sentir una especie de magnetismo que hacía que no me quisiera ir de ahí. Estaba a gusto, “entretenida” tratando de descifrar el significados de los símbolos presentes en los frescos mientras sentía una energía tan deliciosa que me quedé prendada de este sitio.

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A continuación, empezamos nuestro camino de descenso en busca de los 12 Km de playa que conforman la ciudad. Al final, resultó no ser tan cerca como esperábamos y nos tocó conformarnos con un pequeño mirador desde el que se vislumbraba a lo lejos un pedacito de arena.

Día 5: Mallorca

Tan solo diez minutos después de desembarcar, nos quedamos rendidos ante la belleza monumental de su edificio más emblemático: la Catedral de Mallorca. Aunque la había visto mil veces en foto, es innegable que nos quedamos admirando su exterior durante un buen rato. Después de hacerle decenas de fotos, decidimos entrar y quedamos aún más extasiados. La luz que atravesaba los vitrales de colores que conforman el templo, crea un reflejo alucinante en sus paredes y suelo. La verdad es que los 7 € de entrada que pagamos para acceder bien valen la pena.

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Salimos y seguimos nuestro periplo por las callecitas del centro de la isla y nos fuimos a conocer los baños árabes de Palma, uno de los pocos ejemplares de la arquitectura musulmana que quedan en la zona. Es un sitio pequeño pero que por tan solo 2 € puedes entrar a conocer. Ahí verás la sala destinada para los baños calientes ornamentada con preciosos capiteles diferentes entre sí. Está muy bien conservado.

Continuamos caminando, nos topamos con el ayuntamiento y justo en una pastelería cercana nos tomamos la ensaimada de rigor. Ya un poco cansados, volvimos al barco a almorzar. Sabemos que volveremos y por más de medio día.

Día 5: Barcelona.

A primera hora de la mañana desembarcamos. El puerto de Barcelona es inmenso, de hecho es el más grande en número de cruceros en Europa y el cuarto en todo el mundo. Una vez hubimos salido, tomamos un autobús que nos dejó cerca de la zona de Mare Magnum. De ahí, caminamos hasta Plaza Cataluña y cogimos el autobús con destino aeropuerto.

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No había tiempo que perder, debíamos tomar el vuelo de vuelta a Madrid desde donde saldríamos al día siguiente a hacer El Camino de Santiago.

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Días de “lujo” a bordo del Riviera

Mi primer viaje en familia al extranjero fue un crucero por el Caribe, cuando salían desde el Puerto de La Guaira, en Venezuela. Tenía tan solo once años y lo recuerdo con muchísimo afecto. Recuerdo que dormíamos en un camarote interior, sin ventanas y, aún así, a mí me parecía estar viajando a bordo del barco más lujoso del mundo.

Cuatro años más tarde, como regalo por mis quince años, mis padres me obsequiaron un viaje a bordo de un crucero de quinceañeras. Eramos 75 chicas de la misma edad recorriendo las islas del Caribe, sin padres, solo con un chaperón (un chico que enviaba la agencia de viajes para cuidarnos y que, por cierto, me encantaba ❤ ❤ ❤ ), y unas ganas inmensas de conocer los sitios donde desembarcábamos, sola y por mi cuenta. En esta oportunidad el barco salía desde Miami, era mucho más lujoso que el anterior y teníamos vista al exterior. Sin embargo, el primero es el primero, y ese es el que recuerdo con más cariño. ¡Gracias, papá, por alimentar mi vena viajera desde pequeña!

Crucero de quinceañeras - 1996

Cena en el Century

Crucero de quinceañeras

Todas en la piscina del Century

Con el pasar de los años empecé a viajar con mi mochila a otras latitudes hasta que me mudé definitivamente a Europa. A los cruceros, también con el pasar del tiempo, les empecé a agarrar un poco de idea. Cada vez los veía más masificados y más amenazantes para el medio ambiente. El impacto, no solamente en el mar sino en cada ciudad que desembarcan cientos y cientos de personas, en decenas de barcos cada día, es contundente y no siempre positivo. Por este motivo, la idea del crucero la dejé aparcada en el último de mis cajones de viaje.

No fue sino hasta finales del año pasado cuando recibí una invitación para viajar a bordo de un barco por el Mar Mediterráneo. Sería en una de las embarcaciones de la prestigiosa compañía Oceania Cruises: el Riviera. Cuando me invitaron me dijeron que no había dress code porque no había que llevar smoking, y menos mal porque si no, lo teníamos complicadillo para asistir 😉  Una vez más descubrí que lo que para mí era el super lujo, en el “mundo real” no lo era. Quizás porque el que me dijesen que las suites habían sido decoradas con creaciones Ralph Lauren Home, o porque los artículos de cosmética de nuestro camarote hayan sido de Bulgari, o porque el director ejecutivo del restaurante francés del barco haya sido el chef del mismísimo Charles de Gaulle o porque la dedicación de la tripulación sea casi en exclusiva para cada huésped… no sé, se me hacía difícil, y aún se me hace, asumir que esta sea una experiencia tan informal como la pintan e imaginar cómo sería un crucero de lujo auténtico.

Riviera - 2017

Piscina del Riviera

El Riviera

El Riviera es un barco de reciente creación. Fue construido en 2012 y remodelado en 2015. Cuenta con una capacidad máxima de 1250 huéspedes en camarote doble y 800 tripulantes. Si hay algo que atrae a sus clientes es el protagonismo que envuelve a la gastronomía. Tiene seis restaurantes gourmet y un centro culinario que presume de ser la única escuela que ofrece cursos prácticos de cocina en el mar. También cuenta con minicanchas de padel y minigolf, gimnasio con vista al mar, spa, biblioteca, discoteca, sala de cartas, entre otros.

Gimnasio con vistas

Gimnasio con vista al mar

Padel a bordo

Padel on board

Biblioteca del Riviera

Leyendo como todo un señor 🙂

Minigolf a bordo

Minigolf a bordo

Habitaciones y suites

Los espacios que conforman las habitaciones y las suites del Riviera son sumamente amplios. Los interiores están decorados con maderas refinadas, telas brillantes, muebles hechos a medida y obras de arte originales. Durante toda nuestra estancia, nuestras habitaciones fueron el centro de acopio de delicados detalles: una cesta de frutas con una botella de buen vino, una caja de chocolates belgas, minibar con refrigerador equipado con refrescos de cortesía ilimitados, productos bulgari, delivery diario de un par de miniperiódicos con las noticias más relevantes del mundo y de España, una cama enorme y comodísima, y un balcón para poder sentir la fuerza del mar en cualquier momento.

Habitación Riviera

Habitación Riviera

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Regalos de bienvenida

Balcón con vistas

Balcón con vistas

Restaurantes a bordo

Gran Dining Room: es el restaurante más grande de todo el barco. La elegancia que lo caracteriza evoca a los restaurantes de los hoteles 5* más prestigiosos del mundo. Los menús cambian todos los días e incluyen una brillante selección de al menos diez entremeses, sopas y ensaladas, y doce platos principales para la cena. No es necesario reservar.

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Salón del Grand Dining Room

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Polo Grill: especializado en las famosas carnes a la parrilla estadounidenses. Las costillas asadas son las consentidas del restaurante, aunque los pescados y los mariscos también son una excelente opción para una cena ligera. Requiere reserva.

Toscana: ¡Mamma mia… ma che delizia! Degusta los platos tradicionales de la gastronomía toscana de la mano de un equipo culinario de primera. Cada plato se convierte en una auténtica obra de arte. El lienzo: una elegante vajilla de Versace con un diseño personalizado. Requiere reserva.

Jacques: podría considerarse como la joya de la corona. Para cenar en este restaurante francés, se tiene que hacer la reserva con la mayor antelación posible. El prestigio que precede a su chef ejecutivo Jacques Pépin y sus deliciosos platos hace que sea al restaurante más demandado. Lógicamente, requiere reserva.

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Langosta Thermidor (my favorite one 🙂 )

 

Red Ginger: el sitio perfecto para degustar de versiones contemporáneas de platos asiáticos tradicionales. Si viajas con varias personas, pedir varios platos para compartir sería un gran acierto. La mezcla de lo dulce y lo salado se convierte en una fiesta para el paladar. Requiere reserva.

Terrace Café: el sitio perfecto para desayunar, almorzar o cenar en un ambiente relajado pero con un sutil aire de formalidad. Aquí podrás degustar de una amplia variedad de platos internacionales sin la necesidad de hacer reserva.

 

Waves Grill: el único y verdadero sitio informal donde comer. Aquí podrás degustar de platos de sencilla preparación como hamburguesas, sándwiches o incluso smoothies de frutas en la orilla de la piscina.

Además de estos restaurantes, el Riviera cuenta con sitios específicos donde poder disfrutar de tu bebida favorita:

Té de la tarde: a las cuatro de la tarde, se da cita en el Horizon un cuarteto clásico de cuerdas para ambientar la ceremonia del té mientras degustas pequeños emparedados, coloridos petits fours, “scones” con crema espesa y tentadores postres.

Baristas: la parada obligada de Antonio cada tarde. El sitio perfecto para degustar un delicioso café italiano.

Privée: el comedor más exclusivo del barco, con capacidad para tan solo diez personas. Aquí podrás celebrar una reunión privada, una fiesta muy íntima o una comida con nueve comensales más.

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La Reserve by Wine Spectator: el lugar donde se ofrecen seminarios reveladores, degustaciones y maridaje de comida gourmet.

Y, por supuesto, Room Service 24 horas.

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Y además de comer, ¿qué puedo hacer en el Riviera?

Salvo aburrirte, tienes de todo para hacer. Eso sí, no esperes las típicas clases de baile a orillas de la piscina. Aquí podrás recibir clases de pintura bajo la batuta de talentosos artistas en el Artist Loft. Podrás disfrutar de un espacio espectacular para sentarte a leer tu libro favorito: la biblioteca. Uno de los sitios que más nos gustó de todo el barco. Tiene una decoración muy clásica, con cierto aire aristócrata y unas vistas al mar que no sabrás si leer o quedarte tonto contemplando el horizonte. Pero si lo tuyo son las compras, debes saber que cuentas con tres boutiques donde podrás adquirir perfumes, joyas y ropa de marca a precios libres de impuesto. También podrás retar a la suerte en Casinos at Sea, o disfrutar de un exquisito Martini en un ambiente íntimo con el sonido que emerge del piano que está al fondo de la sala, o bailar hasta que te queden ganas en la discoteca. Darte un baño en la piscina durante el día, también es una excelente opción. Y si quieres abandonarte definitivamente a los placeres del relax, no dejes de visitar el Canyon Ranch Spa.

¿Cuál es el perfil de las personas que deciden pasar sus vacaciones a bordo de este barco?

A ver, ¿cómo decirlo sin que tire por la borda todo lo que te he contado?… Bueno, aquí vamos… El cliente asiduo de este barco suele ser de origen norteamericano y con una edad media de 75 años. Pero espera, que no todo son desventajas en este sentido. Piensa que podrás disfrutar de unas vacaciones muy relajadas, que tengas la edad que tengas, siempre vas a ser un teenager en comparación con el resto de pasajeros y que podrás bailar con un señor de 92 años en la discoteca, que no para en toda la noche hasta que se va el último de los presentes y que asiste día sí y día también a su cita con la rubia de turno que acceda a bailar con él.

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Dándolo todo 🙂

Debo decir que en lo personal esta experiencia me ha reencontrado con los cruceros. No he cambiado de opinión sobre lo que pienso del impacto que causan, pero tampoco puedo negar que lo pasé de lujo, literalmente. Me hicieron falta días para disfrutar de todo las actividades que ofrece y para poder sacar a bailar al jovenzuelo de 92 años. Aunque por lo que pudimos percibir, le gustan solo las rubias 😉

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No te pierdas nuestra próxima entrega con los sitios que visitamos… 😉

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Próxima parada…

 

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Escapada deluxe (Milán y Lago di Como)

Después de haber visitado Italia infinidad de veces, e incluso haber vivido ahí, resulta inverosímil que no haya sido sino hasta ahora cuando por fin escriba mi primer post sobre este país que quiero tanto. Pero resulta aún más insólito que lo haga sobre una de las pocas ciudades que me gustaban poco o nada: Milán. Tuvieron que pasar nada menos que catorce años para que mi visión cambiara y me dejara un muy agradable sabor de boca. Las responsables: una experiencia VIP a cargo de Hilton y Vueling, y la inefable belleza de la vecina Como.

El motivo del viaje era un Fam Trip para que conociéramos los hoteles de la cadena estadounidense en Milán y el recién inaugurado Hilton Lake Como. En tan solo tres días pudimos acercarnos al lado más chic de ambos lugares y sentirnos como auténticas celebrities. Aquí nuestro itinerario:

Día 1:

Llegada al Hotel Hilton Milan con copa de bienvenida. A continuación, contamos con un breve espacio de tiempo para cambiarnos y bajar al restaurante del hotel donde nos esperaría el chef para darnos un showcooking de pizzas. Nos dividieron en dos grupos: mientras una parte se encargaba de elaborar la masa, la otra mitad se encargaba de agregar los aderezos al gusto. No sé si era la sugestión de sentirme chef del Hilton Milan por unos instantes, pero la verdad es que cada pizza superaba a la anterior. ¡Nos quedaron deliciosas!

Después de tomar nuestro aperitivo a base de pizzas y espumante, nos dirigimos a Corso Venezia, una de las calles que conforman el cuadrilátero de la moda de Milán. Aquí se concentran las tiendas de las firmas más reconocidas en este ámbito. El motivo: una cena en el glamuroso Dolce & Gabbana Bar Martini, ubicado justo al lado de la tienda para caballeros D&G. Este bar/ restaurante es el sitio ideal para relajarse en un ambiente elegante, delicado y con estilo donde se puede almorzar, beber un aperitivo o degustar una cena inspirada en la auténtica tradición siciliana.

Después de la cena, una parte del grupo salió en busca de marcha pero fue poco lo que encontraron, así que después de un rato, vuelta al hotel.

En cuanto al hotel, lo que más destaca es su ubicación: está muy cerquita de la estación Milano Centrale. Las instalaciones son correctas. A pesar de haber sido reformado hace apenas dos años, la moqueta en el suelo le da un aire a antiguo. Al preguntarle al personal del hotel sobre este aspecto, nos dijeron que preferían mantener el uso de moquetas porque estas eliminan el ruido ocasionado por los trolleys en los pasillos, lo que tiene mucho sentido. No es moderno pero es funcional. En cuanto al servicio, solo puedo decir que fue de 10. La amabilidad y la buena disposición fueron la constante en nuestra estancia.

Día 2

¿Qué mejor que levantarse con un super desayuno buffet de un prestigioso hotel? Y, en este caso en particular, el desayuno también estuvo de 10. Había de todo y en mucha cantidad, pero lo que más me gustó fue el yogur con frutas y sirope de frutos rojos. ¡Todo un acierto!

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Después de desayunar, nos tocaba recoger y prepararnos para seguir a Como. Pero, ¿qué es una visita a Milán si no se ha ido ver su Duomo? Como teníamos el tiempo contado y esta visita no estaba prevista, hicimos una visita relámpago, nos hicimos la foto de rigor con su esplendorosa fachada de fondo, pasamos de carrera por la Galleria Vittorio Emanuele II y recuperamos el aliento en nuestra Van con destino Como. La verdad es que ya tan solo visitar estos dos imprescindibles de Milán, la visita habrá valido la pena. Su belleza es extraordinaria y no dejan indiferente a nadie. Sin embargo, Milán es mucho más que estos dos iconos innegables y se merece una visita mucho más esmerada. ¡Volveré!

Después de una hora de recorrido, llegamos a Como. Sus casitas de colores nos empiezan a dar la bienvenida mientras descendemos por una carretera curvilínea y estrecha. Poco a poco comienza a vislumbrarse el lago: un auténtico paraíso arropado por montañas de poca altura, casas de veraneo de famosos, muchos de ellas pertenecientes al jet set, y, de fondo, Suiza.

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La hora de comer transcurrió en el restaurante del hotel donde pudimos degustar platos típicos de Como. Lo hicimos acompañados por el mismísimo director del hotel, un hombre con un carácter super afable que, aunado a su fisionomía, te da la sensación de estar comiendo con Papá Noel. La comida, correcta. Degustamos un menú típico de la zona (un poco sosa para mi gusto), pero para solventarlo tuvo que llegar el postre: un tiramisú delicioso, de los mejores que he probado nunca.

A continuación, salimos a conocer la ciudad. El primer contacto lo hicimos en barco. Pasamos frente a casas de famosos como Versace, el dueño de la empresa Chicco, entre otros. Desafortunadamente, no llegamos a ver la casa de George Clooney, pero ahora que sabes que está ahí, no dejes de pasar 😉. Al terminar nuestra visita por agua, nos tocó bajar a tierra y conocer el pueblos. Pero no de una forma convencional, no. Hicimos una especie de caza al tesoro con ipads y divididos en equipos. Además de divertido fue la manera perfecta para establecer un primer contacto con la ciudad. Al finalizar, pudimos disfrutar de un entretenidísimo vídeo de nuestro Team building mientras disfrutábamos de un aperitivo abundante y exquisito en un bar del centro.

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A continuación, tiempo de relax en el recién inaugurado hotel Hilton Lake Como, el más grande de toda la zona con 170 habitaciones, muchas de ellas con vista al lago. De estas habitaciones 21 son suites y tres de estas cuentan con amplísimas terrazas privadas con vistas al lago, jacuzzi con hidromasaje y demás instalaciones de lujo. Pero lo que más me gustó, fueron las habitaciones duplex: en la parte de abajo cuenta con un amplio salón y baño, y en la parte de arriba, la guinda del pastel: el dormitorio con techo y parte de la pared acristalados. Estas características permiten al huésped tener vista a las estrellas y al Lago di Como mientras descansa en la comodidad de su cama. ¡Esto sí que es un auténtico lujo!

Después de un relajante baño en la bañera de la habitación, tocaba tomar algo en el bar de la terraza, junto a la pequeña pero espectacular piscina infinita del hotel. Un saxofonista armonizaba el ambiente mientras que el personal hacía todo lo posible para que nuestra velada fuese perfecta.

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Día 3

Al día siguiente, me levanté muy pronto para subir en funicular hasta Brunate desde donde tendría una espectacular panorámica de Como y de su lago. El precio del billete ida y vuelta es 5,50 €. Una vez arriba, decidí subir hasta el Faro Voltiano para tener las vistas desde lo más alto. La duración de la caminata hasta arriba es de 1 hora aproximadamente. Así que calcula unas dos horas en total, más el tiempo que decidas permanecer arriba. En el camino verás muchos ciclistas haciendo rutas. Al llegar hay bares y restaurantes donde podrás hacer una parada en condiciones.

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Una vez hube bajado, me dispuse a recorrer el pueblo a mi ritmo y sin las prisas del Team Building. Entré al Duomo y como era casualmente domingo de Ramos, me quedé un poco a ver cómo lo celebraban. Aproveché también para hacer la compra de pasta, queso y galletas correspondientes y para perderme en sus callecitas completamente a mi aire.

Si cuentas con más tiempo y dinero, puedes incluir a tu viaje un vuelo en hidroavión por el lago. A día de hoy, no se ofrece el vuelo como un servicio abierto al público. Tiene como una figura particular en la que aparentemente se ofrece una clase de prueba pero realmente es un servicio de sobrevuelo. ¡Yo no me lo perdería por nada del mundo!

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Ya de vuelta al hotel, nos dispusimos a tomar un aperitivo en el bar cerca del lobby del hotel, recoger nuestras cosas y emprender nuestro camino de vuelta a Madrid.

Esta experiencia ha sido tan corta como intensa. Me he reencontrado con Milán y me ha gustado mucho poder haber dado un bocadito a su lado más chic. Por su parte, la visita al Lago di Como era un must en mi bucket list, y no me ha decepcionado. Todo lo contrario. Ahora tengo unas ganas enormes de volver.

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Ruta de mercadillos navideños: Baviera, Baden-Wurtemberg y Alsacia

Hacía mucho tiempo que nos apetecía hacer una ruta de mercadillos navideños por Europa y, casualmente, este año el puente de diciembre nos permitió tener una escapada “larga” con tan solo dos días de vacaciones. Por norma, solemos evitar estas fechas donde la afluencia de gente y los precios se disparan, pero esta vez, no nos pudimos resistir y decidimos emprender nuestro vuelo de Madrid hasta Nuremberg.  Desde ahí, nos desplazamos en coche hasta Bamberg donde nos recibiría nuestro gran amigo y hermano: Miguelángel.

Bamberg

Al día siguiente, iniciamos nuestra ruta por Bamberg de la mano de nuestro guía deluxe. Con él recorrimos la Catedral de la ciudad, el antiguo ayuntamiento o Altes Rathaus, la “pequeña Venecia” y, por supuesto, su mercado navideño ubicado en Maxplatz, en el corazón de la ciudad, y cuyo origen se remonta a la mitad del siglo XIX. El haber sido el primer mercado visitado en esta ruta le ha otorgado un valor adicional. En mi caso, ha sido donde he bebido el primer vino caliente al aire libre, donde he probado las primeras salchichas en tierras alemanas y donde he respirado ese aire navideño tan particular que se desprende en esta zona de Europa.

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Ayuntamiento viejo de Bamberg

Este mercado se expande en los 2000 m2 que comprende la plaza y ofrece productos típicos de la época, como: salchichas típicas de la región, glühwine o vino caliente, spätzle (una especie de pasta típica), velas decoradas, adornos navideños,  bufandas y guantes, etc. El mercado, al no ser especialmente grande, se hace fácil de ver y de disfrutar. Además, Bamberg es sí misma, ofrece al turista una excelente opción para recorrer en poco tiempo una ciudad con mucha historia, que en algún momento fue considerada la capital del mundo, y declarada en la actualidad como Patrimonio Mundial de la Unesco. No te la puedes perder.

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Salchichas para escoger

 

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Bamberg

 

Nuremberg

En nuestro segundo día, nos fuimos a Nuremberg desde Bamberg en tren.  Compramos el VGN Tagesticket plus que nos permitía usar el el billete durante todo el día, incluyendo metro y tranvía. Precio 20 €.  La estación de tren de Nuremberg está justo al lado de donde inicia el centro de la ciudad.

Apenas ingresas por las murallas que delimitan el centro tienes la sensación de estar  atravesando el umbral de la puerta que te transporta en fracciones de segundos al siglo XV. La arquitectura renacentista predominante te va acompañando durante todo el camino que conduce hasta el Hauptmarkt, plaza que acoge cada año el tan famoso mercadillo de navidad. En este mercado, así como en el de Bamberg y el resto que veremos en este post, los productos que se ofrecen se repiten. La diferencia la marcará la cantidad de puestos que los ofrezcan básicamente y alguna salchicha típica de la zona, como es el caso de la de Nuremberg, que es más pequeña de las que estamos acostumbrados a ver. ¡Está muy buena, por cierto!

 

 

En un costado de esta plaza se yergue Frauenkirche, una iglesia gótica preciosa cuyas figuras del reloj que está en su cara externa “bailan” cada mediodía.

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Frauenkirche sobre los puestos del mercado

 

En todos los mercados te ofrecen el glühwein en vasos con diseños alusivos a la época. Cuando pides el vino te cobran 1 € más como depósito, cuando acabas devuelves el vaso y te devuelven el euro. Pero si quieres quedarte con un vaso bonito que te sirva como souvenir y recuerdo de tus días de mercadillo, por solo 1 € lo puedes tener. Y si además, el vino caliente no es lo tuyo, el chocolate caliente puede ser una buena opción para evitar que te congeles y para que puedas llevarte tu vasito 😉

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Chocolate por glühwein

Estrasburgo

A 350 Km al oeste de Nuremberg, en Alsacia, Francia, encontramos la capital económica y cultural de la región: Estrasburgo. Esta ciudad es una auténtica joya declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO gracias al encanto medieval que la caracteriza.

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Estrasburgo

En diciembre, la ciudad cobra especial protagonismo gracias a su mercadillo navideño, el más importante de Francia. Los puntos de venta se distribuyen por diferentes sitios de la ciudad, siendo los más importantes: el de la plaza Broglie y el de la Catedral.

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Mercado de la Catedral

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Mercado de Broglie

Nuestra visita coincidió con el puente de la Inmaculada el 8 de diciembre. La cantidad de gente que se movía por el centro de la ciudad, en los mercadillos, restaurantes, callecitas… hacían que parte de la belleza que desprende el lugar se viese opacada. Por eso recomendamos, ir en otras fechas.

En cuanto a los sitios que destacar, además de los mercados mencionados, encontramos la Plaza Kleber con su árbol de 30 metros de altura, la Plaza de Gutemberg donde cada año se erige un mercado dedicado a un país. Este año, le tocó el turno a Islandia y sus productos típicos.  Y por supuesto, no puedes perderte su Catedral, declarada Patrimonio de la Unesco en 1988. Dentro de ella, destaca su extraordinario reloj astronómico, cuyo origen se remonta al siglo XIV , aunque ha atravesado por diversas transformaciones en su historia, siendo la última en el siglo XIX.

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Plaza Kleber

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PLaza Gutemberg –  Mercadillo dedicado a Islandia

 

 

Colmar

Conocida como la ciudad de los vinos, como la más alsacianas de las ciudades, como la pequeña Venecia… Colmar destaca sin duda por su extraordinaria belleza y su arquitectura de cuento. Es una ciudad para disfrutarla y saborearla despacito. Vale la pena.

En nuestro paso, una vez más, la cantidad de gente concentró la mayor parte nuestra atención. Por ello, si puedes evitar visitarla durante el puente, mejor.

De ella destacaríamos: sus fachadas medievales, el olor a navidad que se desprende en cada esquina, los cuatro mercadillos distribuidos por la ciudad y sus canales de agua. Estos últimos son especialmente bonitos.

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Too much people…

 

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Stand de chocolate

 

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Pequeña Venecia

Friburgo de Brisgovia

Después de nuestra breve visita al extremo este de Francia cruzamos nuevamente la frontera y nos introdujimos en la ciudad más cálida de Alemania: Friburgo, ubicada en la región de Baden-Wurtemberg y puerta de acceso a la Selva Negra.

En Friburgo destaca su Catedral: Freiburger Münster del siglo XI, las puertas de la ciudad (Martinstor y Schwabentor) y la plaza del ayuntamiento. Aunque su mercado es más bien pequeño, podría convertirse en la excusa perfecta para parar y pasar un día aquí.

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Munich

Para terminar nuestra ruta de mercadillos navideños 2017 hablaremos de Munich. Su principal mercado se encuentra en la Marienplatz donde más de 150 puestos de madera se dan lugar. Justo detrás se encuentra el Altes Rathaus o antiguo ayuntamiento y, entre ambos, un enorme árbol de navidad, de casi 30 metros que ilumina el ambiente con sus casi 2500 luces.

De esta zona se desprenden varias vías en las que también se dan cita cada año varios puestos de mercado para ofrecer los infaltables: glühwein, los bocatines con salchicha, accesorios para cubrirte del frío y adornos navideños, por si acaso en el camino olvidaste comprar los regalitos para casa. Y qué mejor que después de una buena ruta de shopping navideño, terminar en una pista de patinaje sobre hielo. ¡Planazo!

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Mercadillo Munich

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Hora de comer

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A patinar…

Ahora que ya tienes una idea de cómo se vive la navidad en el centro de Europa, solo te queda ir preparando las maletas para pasar lo que queda del mes en estos lugares de cuento, o ir pensando cuáles de estos sitios visitarás el próximo año. Eso sí, por favor, evita el puente del 8 de diciembre.

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Esperando al italiano llega a España

Uno de los frutos más dulces que me ha dado este blog es tener el honor de ser parte de la Asociación de periodistas venezolanos en España: Venezuelan Press.  Gracias a esta asociación, además de recibir cursos de formación permanente, tenemos la dicha de reencontrarnos con personajes emblemáticos de nuestra amada y extrañada Venezuela. De esa que nos vio crecer felices, libres y prósperos. Ahora, en medio de este exilio “voluntario”, tengo la suerte de conocer, entrevistar y compartir risas con esos personajes que entraban en nuestras casas a través de la pantalla chica para hacernos llorar, reír, enfadarnos y hasta enamorarnos.

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El elenco junto a miembros de Venezuelan Press (foto cortesía de VP)

En esta oportunidad, hemos recibido a unos invitados de lujo: el elenco de la pieza teatral Esperando al italiano escrita por la reconocidísima dramaturga venezolana Mariela Romero y dirigida por Tulio Cavalli. Los actores que conforman la obra son nada más y nada menos que Tania Sarabia, Caridad Canelón, Hilda Abrahamz, Carolina Perpetuo y Carlos Mata. Todos ellos, lejos de mantener una postura distante y, a pesar del cansancio producido por el vuelo transoceánico que los trajo ese mismo día desde Miami y Venezuela,  estuvieron sumamente cercanos desde el minuto uno, lo que generó una atmósfera distendida en todo momento. A tal punto, que parecía una conversación entre amigos entretenidos con las anécdotas y comentarios sobre la obra que nos iban deleitando a los que hacíamos las veces de anfitriones.

Elenco

De izquiera a derecha: Carlos Mata, Tania Sarabia, Carolina Perpetuo, Caridad Canelón, Hilda Abrahamz (foto cortesía de VP)

Buscado al Italiano se estrenó en 1987. Cuenta su director actual: Tulio Cavalli que, en esa época él cursaba sus estudios de Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela y que le gustó tanto la obra que la vio hasta siete veces. Su querencia por esta fue tanta que se prometió a sí mismo que algún día la dirigiría. Y así fue como más de dos décadas después, en 2010, su promesa se hizo realidad y desde entonces este elenco maravilloso se reúne una vez al año para representar esta obra no solo en Venezuela sino en diferentes partes del mundo.

Tulio Cavalli

Junto a Tulio Cavalli

La trama de la obra gira entorno a tres grandes amigas que deciden “importar” a un italiano para que cambie sus vidas. Un sábado por la tarde, el día en que llegaría el italiano, las amigas organizan una fastuosa bienvenida. Con la complicidad de una atrevida sirvienta, las mujeres convierten su pequeña fiesta en una oportunidad para repasar las historias de sus vidas entre cantos, nostalgias y recuerdos, narrando sus miserias y esperan que llegue un macho italiano para satisfacer y cambiarle el color a sus mustias, monótonas y frustradas vidas.

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Esperando al italiano. (Foto tomada de Patricia Laine Romero Photography)

Nos comentaba Cavalli que esta ha sido la obra venezolana más traducida y más representada en lenguas extranjeras. Afirmaba también que hay estudios donde se toma Esperando al italiano como un modelo de lo que representa el rol de la mujer dentro de la sociedad latinoamericana: un rol irreverente, la emancipación de la mujer… Continúa Cavalli diciendo que dentro de la sociedad venezolana/latinoamericana, la mujer, después de los 50 años, está condenada a ejercer el rol de abuelita, y las mujeres de esta obra no quieren ceñirse a ese rol. Por el contrario, quieren seguir viviendo, tener una vida social, una vida sexual…

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Esperando al italiano. (Foto tomada de Patricia Laine Romero Photography)

Por su parte, Tania Sarabia agregaba que la obra tiene un lenguaje que maneja una sinceridad pasmosa, sin caer en lo vulgar. También nos decía, y en eso coincidían todos los ahí presentes, en que cada día que la lees (en su caso) o la ves (en el caso de los espectadores) vas descubriendo cosas nuevas en cada personaje. Cada quien habla desde su interioridad. Se crea un balance y se produce un ritmo tan especial que atrapa al público en una magia única.

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Esperando al italiano. (Foto tomada de Patricia Laine Romero Photography)

En esta visita, las ciudades elegidas para la presentación de la pieza son Tenerife y Madrid. En la primera, estarán el 8 de octubre en el Teatro Leal de La Laguna a las 20 h. Valor de la entrada: a partir de 20 €. Y, en Madrid, estarán los próximos días lunes 9 y martes 10 de octubre en el Teatro Fígaro a las 20:30 h. El valor de las entradas va desde los 28 €.

Yo no me lo perdería por nada. ¿Y tú?

 

 

 

 

 

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Navegando en la Blue Grotto

Blue Grotto, o That il-Hnejja en maltés, es una de las paradas obligadas que deberás hacer si decides visitar Malta. La extraordinaria belleza del paisaje te dejará con la boca abierta y con ganas de más. La Blue Grotto está formada por seis cuevas marinas que se hallan a los pies de los acantilados que se encuentran en la parte meridional de la isla, a unos 13 Km de la capital, La Valeta.

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Su nombre hace una clara referencia al tono azul intenso que se despliega en las aguas del mar que envuelven las cuevas, sobre todo durante la mañana. Por eso es recomendable que la visita se haga a primera hora.

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Horario del embarcadero

Horario de verano: de 9:00 a 17:00 h.

Horario de invierno: de 9:00 a 15.30 h.

Abre todo los días, aunque está muy sujeto a las condiciones meteorológicas.

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Precio de la excursión en barco

Adultos: 8 €

Niños: 4 €

Duración de la excursión:

30 minutos

Cómo llegar a la Blue Grotto

El autobús nº 201 viaja cada hora de Rabat a Wied iz – Zurriet pasando por los acantilados de Dingli, Ghar Lapsi y Hagar Quim – visitas que bien valen la pena -, y van hasta el aeropuerto, vía Zurrieq. Por su parte, la línea 71 une Zurrieq, ubicada a unos 1500 metros de la Blue Grotto, con La Valeta. Este último tiene una frecuencia de 20 – 30 minutos. Este embarcadero también forma parte de la ruta del autobús turístico CitySightseeing. Sin embargo, para nosotros la mejor opción es la de ir en coche de alquiler: las vistas son increíbles y podrás parar donde quieras.

No solamente para esta ruta recomendamos el coche, sino para recorrer la isla de punta a punta con plena libertad. Al principio seguramente te sentirás extraño y hasta un poco torpe. El conducir por la derecha, te hará cometer alguna que otra imprudencia sin querer, pero una vez que le coges el tranquillo, disfrutarás a plenitud de la isla y todos sus encantos.

Si quieres más razones para visitar la Blue Grotto, te dejamos unas cuantas que de seguro te terminarán de convencer:

¡Vamos, que nos vamos!

 

¿Todavía necesitas más razones?