Ruta Parques Nacionales: Sierra de Guadarrama

El último en llegar a la lista de Parque Nacionales es la joyita que tenemos y disfrutamos cerca de casa, se trata del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, declarado como tal en 2013. Está ubicado en el Sistema Central y se extiende en área de 33.960 hectáreas por la Sierra de Guadarrama. Más de la mitad pertenece a la provincia de Madrid y el resto a Segovia. Archiconocidos lugares como el Peñalara -2.428 m- pico más alto de la Comunidad de Madrid, La Pedriza, Cuerda Larga, Bola del Mundo, Puerto de Navacerrada, Cotos, Valdesquí…. modelan su silueta.

Sierra de Guadarrama en invierno

Ha sido la última, sí, y ha costado Dios y su ayuda que este enclave se convirtiera en parque nacional, aunque tiene sobrados valores para estar en la red de parques nacionales. En la Sierra conviven 1.500 especies de flora, 278 especies de vertebrados, 195 de aves, 43 de mamíferos, 22 de reptiles y 13 de anfibios. La fauna del parque supone el 455 de la fauna total del España, y el 18% de Europa. En su flora podemos destacar el pino silvestre, la encina, el enebro o el omnipresente en la geografía peninsular roble melojo (Quercus Pyrenaica). Desde un punto de vista geológico, posee dos enclaves de extraordinario interés: los circos y lagunas del Peñalara, que representan el período glaciar que modeló estas viejas montañas de 250 millones de años, y el batolito de La Pedriza, un paisaje surrealista formado por bloques de granito de tamaño monumental y caprichosas formas. La edad de esta cordillera se asemeja a los Pirineos, Los Andes, los Alpes o los Himalaya. Además, hay otras razones histórico-culturales que afianzan su importancia: sus paisajes han inspirado a poetas y escritores de todas las épocas (Arcipreste de Hita, Quevedo, Azorín, Antonio Machado…); ha sido laboratorio para científicos de fama universal y aula de la Institución Libre de Enseñanza el proyecto educativo más importante de España y, por supuesto, la base del excursionismo guadarrameño del que salieron algunos de los grupos montañeros del país como la Sociedad Deportiva Peñalara y el Club Alpino Español, produciendo una batería de alpinistas y esquiadores de talla mundial.

Subiendo al Peñalara, Cabezas de Hierro al fondo

¿Qué hacer en la Sierra de Guadarrama?

Sederismo

Estamos en la cuna del montañismo, que se empezó a forjar en los albores del siglo XX. Aquí se creó en 1913 la sociedad “Peñalara, los doce amigos” cuya aportación al montañismo español ha sido fundamental. Entre otras crea una gran red de refugios (el refugio Giner de los Ríos es el más antiguo del Parque con más de cien años), abre y equipa vías de montaña y escalada, crea albergues, promueve la constitución de la Federación Española de Alpinismo, y lo que nos interesa en este párrafo: encomienda al socio Eduardo Schmid la preparación y señalización de un sendero desde el albergue de la Fuenfría al Puerto de Navacerrada.

El Camino Schmid recorre durante 13 kilómetros la ladera norte de los denominados Siete Picos. Puede hacerse desde el puerto de Navacerrada al valle de la Fuenfría en Cercedilla, o viceversa. Son unas cuatro horas de tranquilo sendero sin mayor complicación. Lo recomendable es llegar a Cercedilla y coger el tren que empieza allí mismo y termina en Cotos con parada en el Puerto de Navacerrada.

Camino Schmid en invierno

El tren de Cercedilla es el único de la red de Renfe de vía estrecha y asciende en sus apenas 20 kilómetros de recorrido más de 600 metros. Es un tren que todo senderista que se adentre en la Sierra de Guadarrama debería conocer.

La Pedriza

La gran mole de granito de La Pedriza no tiene parangón en España salvo, quizás, la Montaña de Montserrat. Es una de las escuelas de escalada más famosas y clásicas de España. Cualquier sueño de escalador pasa por ir a este batolito y ascender cualquier vía que se tercie. El Yelmo es la cima más famosa y su pared sur es un clásico donde escalar hasta la saciedad. Para ir a La Pedriza y perderse por sus innumerables senderos, rutas y vías de escalada hay que madrugar. El límite de vehículos que pueden estacionar es de 270 y en verano incluso se prohíbe dejar el coche en la noche (de 23:00 a 7:30). Así que si no quieres llevarte un disgusto y quieres disfrutar de tu día de rutas por La Pedriza, más vale que te levantes pronto (muchos fines de semana, a las 9:00 ya está cerrado en acceso).

Valdesquí

222 hectáreas, 22 kilómetros esquiables con 21 remontes y 26 pistas. Pequeña estación para tanto esquiador. Al estar tan cerca de la capital (apenas hora y cuarto de Madrid centro) es muy común que los parkings de acceso se saturen antes de las 9:00. Cuando se llena el parking de la estación, debes aparcar en el de puerto de Cotos y hacer los dos kilómetros y medio andando a la estación o ir en el autobús regular y gratuito que habilitan en la época de mayor afluencia. La creación de la estación en 1970 junto con la estación de Valcotos, estuvo rodeada de polémica. Aunque todavía nos encontrábamos con los últimos coletazos de la fiebre desarrollista de los cincuenta en la zona.

Lo ideal es ir a primera hora de la mañana, llegar sobre las 7:00 y esperar en el coche un rato, acompañado de un termo de café, té o chocolate bien calentito mientras abre sus puertas. Una vez dentro, si eres un esquiador con experiencia, no lo dudes en subir hasta el último remonte las primeras veces, puesto que al cabo de un par de horas, podría darte pereza estar esperando las colas de los telesillas.

Una opción de esquí de travesía o Snowboard de montaña sin complicación es subir caminando hasta La Bola del Mundo en el alto de Guaramillas (2.257 m) y bajar ya esquiando por toda la estación hasta su base. Una aventura que puedes completar en una mañana. Luego, solo tienes que buscar a alguien que quiera bajarte hasta la estación de tren más cercana (Cotos) o donde dejaras el coche (en montaña siempre encontrarás al buen samaritano que te acogerá en su vehículo).

Estación de Valdesquí al fondo a la derecha

Sostenibilidad en Guadarrama

El gran problema de los Parques Nacionales aquí no lo es menos. La lucha ecologista ha sido una rutina durante décadas en la Sierra de Guadarrama.

1971 el ministerio de Turismo no ocultó su intención de convertir Guadarrama en un centro turístico al estilo playero, a costa de lo que fuese, degradando a Peñalara de la categoría obtenida en 1930: Sitio de Interés Nacional-a Centro de interés Turístico. Incluso llegaron a proyectar una gran urbanización a los pies de la laguna del Peñalara.

1986 la empresa propietaria de la estación de Valcotos (desmantelada hoy en día) instaló catorce cañones de nieve en la ladera del Peñalara y se excavaron valiosas morrenas cuaternarias. La magnitud del atentado fue tal que la misma Consejería de Medio Ambiente de la CAM habló de “agresión ecológica”. Cuatro años después, Madrid protegía la cumbre y las lagunas del Peñalara bajo la denominación de Parque Natural.

1993 la Comunidad de Madrid crea el Plan Estratégico de Ecodesarrollo de la sierra de Guadarrama. Las buenas intenciones del plan, cuyo principio rector era la “conservación activa” de los bienes naturales, encerraba detrás, la idea de reconvertir la antigua estación de Navacerrada en un gran centro de esquí estilo centroeuropeo con grandes parkings, carreteras anchas y numerosas vías esquiables. Este despropósito se zanjó después de la fuerte oposición de grupos de montañeros y ecologistas. Lo que quedó de aquello fueron más zanjas para cañones de nieve y la construcción de una cafetería en el alto de Guaramillas.

Desde el 2002 la ADESGAM -la asociación de desarrollo Sierra de Guadarrama-, trabaja para el desarrollo, impulso, promoción, ampliación y consolidación de acciones encaminadas al desarrollo sostenible de la comarca. Con 18 años de trabajo y más de 200 proyectos a sus espaldas, desarrolla desde el 2017 planes de acciones anuales de los ODS 2030 (objetivos de desarrollo sostenible), para el desarrollo sostenible en la Sierra de Madrid.

Esperemos que tanto ésta como otras asociaciones y proyectos sostenibles, puedan salvaguardar uno de los pulmones más importantes de España, y termine de una buena vez la encrucijada perenne entre sostenibilidad y rentabilidad en la que siempre se encuentra.

Cima de La Maliciosa

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