“EL MEJOR TURISMO ES EL QUE NO SE HACE”

Una frase lapidaria enunciada por una de mis profesoras en plena clase de un curso de agente de viaje que hice hace algunos pocos años. Esa frase en principio me cayó como un balde de agua helada. Lo primero que pensé fue: “¿pero qué me está diciendo está mujer?, ¿qué estoy haciendo sentada en una clase donde esta persona ha tirado al suelo en una sola frase mi sentido de estar aquí? Necesité de unos cuantos minutos para volver en mí y recapacitar sobre lo que nos estaba diciendo y escuchar con atención sus argumentos.

Básicamente, nos decía que cualquier viaje que hiciéramos, por muy pequeño que fuese, ocasionaría un impacto en el ambiente. El simple hecho de pisar un sitio lleno de naturaleza, advertía, ya deja una impronta de nuestro paso por ahí. Si vamos con un grupo de amigos o con música a todo volumen, ya genera una distorsión en el ambiente. Si para llegar a ese sitio debemos desplazarnos en algún tipo de vehículo que emita dióxido de carbono ya habremos contaminado. Y sí, efectivamente esa frase es una verdad como un templo y no creo que haya argumentos suficientes para desmentirla.

Después de entender lo que nos trataba de explicar y quedarme en una especie de estado catatónico mientras me debatía internamente entre mi pasión por viajar y la preservación de nuestro único hogar, la Tierra, concluimos en clase que viajar es una fuente de contaminación patente, sí, pero que podemos hacerlo poniendo nuestro máximo esfuerzo para generar el menor impacto posible.

Tanto en nuestro día a día como cuando viajamos, Anto y yo hacemos lo posible para sacar adelante nuestra conciencia más sostenible y, aunque el deseo de viajar se haya antepuesto no pocas veces, tratamos de cumplir las normas básicas de respeto en todos los sitios que visitamos: nunca dejamos desperdicios en los sitios a donde vamos, caminamos todo cuanto podemos, tratamos de consumir productos locales y contribuimos de este modo con la economía local, evitamos hacer ruidos innecesarios sobre todo en sitios de montaña, etc… sin embargo, siempre hemos sabido que podemos hacer aún más.

Productos locales – Ćukovi, Bosnia y Herzegovina

Ahora con esta pandemia que ha paralizado una tercera parte del mundo, en la que la naturaleza parece estar sanando muy visiblemente en muy pocos días sin nosotros, me encuentro de nuevo en esa encrucijada sobre viajar e invitar a otros a hacerlo o abandonar mi filosofía seminómada por amor y respeto al planeta. Llevamos días sintiendo cómo el aire que respiramos es más fresco. Hemos visto a través de las redes sociales cómo  ballenas y delfines se pasean libremente por las costas que hasta hace nada eran ocupadas por nosotros. Nos hemos topado con cifras que nos dan una tímida enhorabuena y que, sin querer pasarse de festivas en estos momentos de tanta calamidad, nos confirman que nuestra determinación de quedarnos en casa ha hecho que disminuya la concentración de dióxido de carbono, sobre todo en las grandes ciudades, y esto no solo favorece al ambiente de forma exclusiva sino que tiene un efecto beneficioso sobre nuestra salud.

Ballenas jorobadas – Mochima- Venezuela. Foto tomada de Talcualdigital.com

Entonces surgen de nuevo las grandes contradicciones, ¿dejamos de trabajar para no tener que desplazarnos y contribuir con el aumento de las emisiones de CO2?, ¿dejamos de viajar para que delfines y ballenas se paseen a sus anchas?, ¿paramos las industrias para que no se termine de perforar la capa de ozono?… Pues eso en un mundo utópico sería lo ideal, ése en el que evidentemente la sociedad del s. XXI no tendría cabida. Así que creo que lo mejor y lo más sensato es que todos, particulares y empresas, trabajemos de forma individual y colectiva para crear un sistema alternativo mucho más sostenible que lo tenemos hoy en día.

Quizás después de esto muchas empresas habrán comprobado que el teletrabajo no es tan inviable como parecía y que podría favorecer en muchos sentidos la conciliación familiar, que el tiempo que ahorramos en las carreteras o subterráneos podría servir para gozar un poco más de calidad de vida y, por supuesto, para disminuir la circulación de vehículos. Quizás como sociedad nos habremos dado cuenta que hemos sido responsables del debilitamiento de la industria nacional (y no me refiero solo a España) por ahorrarnos dos duros y comprar más barato lo que proviene de otros países. Quizás muchas familias habrán fortalecido lazos de afecto entre sus miembros, acto que en tantas ocasiones se pudo haber visto procrastinado por la falta de tiempo y por el surgimiento de otras prioridades. Quizás, paradójicamente, este nuevo orden, así, sin querer, habrá fortalecido la SOSTENIBILIDAD.

Y quizás en la industria del turismo también podríamos asumir y proponer algunos cambios, que resultan hoy más que nunca tan necesarios. Y aquí me voy a permitir extenderme un poco más. Básicamente porque es donde me siento como pez en el agua, porque viajar es mi pasión y también forma parte de mi trabajo. Porque constantemente me pregunto, y ahora más que nunca: ¿es así como lo debemos hacer o lo podemos hacer mejor?

Y la respuesta siempre es la misma y cada vez se hace más contundente: no solo podemos hacerlo mejor sino que TENEMOS que hacerlo mejor. No podemos salir de esta situación con la sensación de que esto no fue con nosotros, que no tenemos nada que ver y que ha sido una anécdota más de este principio de siglo. Creo que como viajeros y profesionales del turismo tenemos el deber de ejercer un turismo responsable y sostenible, y me gustaría dejar algunas acciones sobre las que he venido reflexionando durante estos días para afrontar mejor nuestra vuelta a “la normalidad”:

* Deberíamos escoger alojamientos que tengan una filosofía más vinculada a la sostenibilidad. Aquellos cuyas actividades apunten a la menor y mejor explotación de recursos. Afortunadamente, cada vez son más los hoteles que nos piden que dejemos en el suelo las toallas cuando queremos que nos las cambien y así disminuir el uso de recursos como el agua y energía eléctrica cuando no es necesario. Otros, han optado por la eliminación del plástico, otros por la del papel. También nos encontramos con aquellos que se han decantado por la implantación de elementos tan innovadores como duchas que filtran su propia agua. O aquellos como el Bohinj Park Hotel en Eslovenia cuya mayor fuente de energía proviene de un pozo geotérmico capaz de proveer de calor, electricidad, agua para las duchas, la lavandería y hasta para el parque acuático que alberga.

Bohinj ECO Hotel, Bohinj | Reserva en tres pasos | viaSlovenia.com
Bohinj Park Hotel – foto tomada de Viaslovenia.com

Escoger casas rurales que desarrollen su actividad en armonía con el entorno también es una muy buena opción. Muchas de ellas suelen ofrecer servicios de restauración con productos provenientes de sus propias huertas. Otras suelen proveerse de energías renovables y no contaminantes. Otras favorecen el desarrollo de la zona promoviendo rutas turísticas para dar a conocer el entorno donde se encuentran ubicados y sus bondades. Y otras, como la casa de Vasva y Hazim en Bosnia, donde se ofrece una experiencia sostenible en estado puro.

El alojamiento es su casa; están ubicados en un entorno rural; su parcela tiene acceso directo al río UNA donde puedes pescar si así lo quisieras; ofrecen bicis para hacer rutas por la zona; venden productos locales como la miel (que es la más rica que hemos probado nunca); el desayuno que nos sirvieron delicioso y ecológico: los tomates eran del huerto que teníamos a dos metros de la zona donde desayunamos, el pan lo hace Vasva cada mañana con el trigo que cultivan… SOSTENIBILIDAD PURA A TRAVÉS DE LOS RECURSOS DE LOS QUE DISPONEN

No se trata, pues, de pagar más o menos por un hotel, o de asociar el turismo sostenible con una estancia incómoda, se trata más bien de convertirnos en parte activa de la sostenibilidad desde el mismo momento en que elegimos el alojamiento para nuestras vacaciones sin que ello conlleve a pensar en unas “vacaciones cutres” por antonomasia.

* Como es de suponer, la forma de transportarnos también podría ayudarnos a disminuir el impacto de CO2. Si es a pie o en bici, mucho mejor. Si vamos en coche y lo compartimos, no está mal, y si viajamos en coches que generen poca o ninguna contaminación, y además lo compartimos, pues mejor que mejor. El tren, el aurobús y el ferry suelen ser opciones con bajo impacto en el ambiente porque son utilizados por varias personas a la vez. Y los aviones, bueno, esperemos que puedan encontrar pronto un mecanismo para disminuir su altos efectos contaminantes.

* La sostenibilidad depende, también y en gran medida, de nuestro comportamiento, sentido común y respeto. Minimicemos tanto como nos sea posible la generación de residuos. Nunca, bajo ninguna circunstancia, dejemos desperdicios en los sitios que visitemos. Por el contrario, tratemos de dejarlos más limpios de los que los hemos encontrado y recojamos incluso aquellos que no hemos desechado nosotros.

* El ruido, ay, el ruido… Creemos que contaminar es solo dejar un papel tirado, pero… ¿qué pasa con la música a todo volumen?, ¿dónde dejamos los alaridos innecesarios en aquellas zonas donde la tranquilidad es parte fundamental del entorno? Aprendamos a ser un poco más cívicos en este sentido y entendamos que justamente viajamos para llenarnos de la serenidad de ciertos espacios y no para romperla con nuestros gritos y nuestra música que, honestamente, dudo mucho que le interesen a alguien.

* Aprendamos también, de una manera sincera y humilde, a acercarnos a las comunidades de los pueblos que nos acogen. Valoremos la oportunidad que tenemos para conocer poblaciones con culturas y gastronomías diferentes a las nuestras. Creo que es un regalo que nos hacemos y no precisamente lo contrario. Si es posible, contribuye con la economía local, y compra algún recuerdo en algún puestecito o aprovecha para degustar la gastronomía tradicional. Vale la pena, de verdad. Te aseguro que la experiencia que te llevarás permanecerá contigo más que el destino en sí mismo.

* Utiliza los recursos naturales con moderación siempre, pero aún más en aquellos sitios donde el agua y la electricidad son un lujo que pocos se pueden permitir.

* Nunca te lleves elementos de ecosistemas sensibles, como corales y conchas, etc.. ni compres objetos provenientes de la caza ilegal o de la explotación de personas y del territorio, como marfiles, pieles, oro, diamantes… Tampoco restos de yacimientos arqueológicos, y nada de pintar ni de dejar alguna impronta en sitios de valor cultural e histórico y, de ser posible, en ninguna parte. ¡NO MOLA!

* Tampoco es necesario irse al otro lado del mundo para viajar. Motívate a descubrir los tesoros que ofrece tu municipio: museos, arquitectura, actividad cultural, áreas verdes… Aprovecha también para hacer turismo interno. Conoce tu Comunidad, tu país… En España, hay tanto que recorrer y conocer… La cultura, la gastronomía y hasta la lengua cambia según donde vayas. Date la oportunidad de (re)descubrir el sitio de donde vienes y/o donde vives. Ésta yo creo que sería una buena forma de empezar a aportar nuestro primer granito de arena.

Quizás no sea fácil llevar a cabo toooodas y cada una de estas acciones en cada viaje que hagamos, pero sí podríamos ir incorporando poquito a poco algunas de ellas siempre que nos sea posible. También es cierto que aún falta mucho por hacer por parte de los sectores público y privado en este sentido, pero que esto no sirva como excusa para no ir sumando esfuerzos y para no poder disfrutar de un turismo más respetuoso con el medio ambiente

Hagamos que el cambio empiece por nosotros mismos y que no siga acaparando el estante de las utopías sino que pase a ocupar definitivamente el terreno de la realidad.

Tú , ¿qué piensas?, ¿crees que lo lograremos?, ¿crees que seremos capaces, después de estos días en casa de hacer las cosas diferente (viajar, por ejemplo)?, ¿has pensado algo al respecto?

3 comentarios sobre ““EL MEJOR TURISMO ES EL QUE NO SE HACE”

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  1. Hola Beatriz/Antonio,
    Creo que las acciones individuales son maravillosas, aún y cuando es un trabajo de hormiguita, hoy por hoy, son cada vez más visibles y reales las ganas y el compromiso de muchos, en tener una Vida más sostenible. No estoy muy segura, si estás acciones tendrán impacto a gran escala como lo amerita nuestra tierra en la actualidad, sin embargo podemos seguir haciendo lo mejor posible en nuestro entorno 🙏 podemos desde nuestras acciones, concientizar y cambiar nuestra forma de vivir y que sea más amable en todo sentido ✨
    Gracias por esta labor, por extender está conciencia de amor y respeto!
    Un abrazo

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    1. Hola, Hellen.
      Esperemos que cada uno de nosotros esté sacando algún tipo de aprendizaje de esta situación tan excepcional. Creo que es una oportunidad para contemplar con qué energía florece la naturaleza sin nosotros y entender, ahora más que nunca, que estamos aquí de paso.
      Creo que nos toca, sí o sí, aprender a cuidar nuestro entorno y mejorar nuestra forma de desenvolvernos en él.
      Considero que si todos entendiéramos esto, el impacto podría ser importante.
      No sé si lo lográramos…pero al menos lo intentaremos.
      Abrazo fuerte🤗

      Me gusta

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