En el año 2006 realicé por primera vez el Camino portugués. He de reconocer que hasta hace poco desconocía completamente que existiera un Camino portugués por la costa, así que en aquel momento me limité a seguir los tramos naturales del Camino luso, desde la frontera entre Portugal y España (Tui) hasta la ciudad compostelana. El Camino en aquella ocasión, me pareció uno de los más inhóspitos y solitarios de los que había realizado hasta el momento (había realizado ya el Camino francés dos veces -el Camino navarro y el aragonés-, el del norte y el inglés), y uno de los más bellos, fundiéndose el bosque y el mar en ciertos tramos, realzando la belleza de la costa atlántica. Nada tiene que envidiar el Camino del norte, abrupto y quizás, si se me permite usar la expresión, el más salvaje de los Caminos que he recorrido.

El año pasado, Bea y yo decidimos realizar un tramo de Camino. Eran ya varios años sin pisar suelo peregrino, y hay algo en el interior de cada persona que ha seguido las flechas amarillas del Camino que te impele a volver, da igual el tiempo que pase (para saber más del Camino, puedes ir a ¿Qué es el Camino De Santiago?). Así que estábamos casi convencidos de realizar el Camino portugués “tradicional”, cuando nos llegó información a través de Bea del Camino portugués de la costa. Cuando nos pusimos a investigar un poco sobre él, nos resultó súmamente interesante el recorrido.

Ya que no teníamos mucho tiempo para realizarlo, pero sí muchas ganas, nos dispusimos a hacer un Camino express de cuatro días, aunque intenso en kilómetros, ya que realizaríamos 125,55 Km. hasta Santiago. El ritmo medio de un peregrino con su mochila en el Camino es de unos 4,5 Km. por hora. Así mismo, la media de un tramo por día suele rondar los 25 Km. aproximadamente. Nosotros en esta ocasión deberíamos de saltarnos el protocolo tradicional del peregrino para ajustarnos a los días que teníamos para llegar a la capital compostelana. Ya que son varios los Caminos recorridos por ambos – incluida luna de miel…:)-, tenemos bastante experiencia ya en saber qué peso y cuáles son las condiciones a las que nos vamos a enfrentar. Aún así, nuestras inseparables amigas las ampollas -amigas de casi cualquier peregrino-, hicieron de alguno de nuestros días un auténtico calvario. Como dice un clásico entre peregrinos: “No pain, no glory”.

Un poco de contexto. El Camino portugués

Dentro de la infinidad de posibilidades que se nos ofrece para llegar a la tumba de Zebedeo, una más que interesante propuesta es la que nos da el Camino portugués. El kilómetro cero se encuentra en la capital lusa. Desde Lisboa, toma dirección norte, pero por el interior, hasta Oporto: unas 13 jornadas caminado -308 Km. aproximadamente-. Aquí es donde el Camino se bifurca, pudiendo el peregrino continuar su periplo tanto por la costa, como por el interior.

El Camino portugués de la costa entra en territorio español en A Guarda, mientras que el Camino portugués interior lo hace por Tui. Los Caminos volverán a unirse nuevamente en Redondela, continuado ya solo uno hasta Santiago de Compostela. En total serían unos 633 Km. para el Camino portugués por la costa, y de 550 Km. para el Camino portugués tradicional.

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El Camino portugués en sus dos vertientes

El previo…

Como hemos comentado antes, ya que disponíamos solamente de cuatro días para llegar a Santiago, estuvimos estudiando las diferentes posibilidades, decidiendo finalmente empezar en Baiona, a 125,5 Km de la tumba del apóstol. Teníamos muchas ganas de empezar en A Guarda, pero necesitábamos un par de días más, algo que se salía de nuestras posibilidades vacacionales. Una vez preparados los bártulos y hechas todas las comprobaciones sobre tramos y estancias (aquí tengo que reconocer que íbamos un poco más pez que en otras ocasiones, ya que volvíamos de un crucero y tuvimos tan solo un día para prepararlo todo…), nos dirigimos en coche a Santiago para iniciar nuestro Camino.

Un imprescindible en el Camino francés, aunque no pases por allí como peregrino, es la Pulpería Ezequiel, en Melide… Quien haya hecho el Camino francés y no haya comido en la Pulpería Ezequiel, no es peregrino…

 

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Podemos decir con toda tranquilidad, que Santiago de Compostela es para nosotros casi como una segunda casa. Ya casi todo es familiar, y hemos pasado tantos momentos allí, que nos podemos desenvolver sin nigún tipo de problema por sus enrevesadas calles del centro.

Como íbamos con el tiempo justo, ya que ese mismo día debíamos de llegar a nuestro punto de partida, que era Baiona, no nos entretuvimos en nada, salvo en ir a la Oficina del Peregrino a buscar la Credencial del Peregrino –pasaporte imprescindible para hacer el Camino-. Eso sí, visita imprescindible cada vez que vamos a Santiago, es la de ver a nuestro gran amigo Diego, en su establecimiento 25 de Julio. Él siempre como buen anfitrión, siempre nos trata como verdaderos reyes, y nos hizo el inmenso favor de llevarnos hasta Baiona.

Una vez en este maravilloso enclave portuario, pensamos que íbamos a empezar por todo lo alto el Camino, con lo cual decidimos pernoctar en el Parador de Baiona para empezar renovados completamente de cara a estos cuatros días de peregrinación que nos esperaban.

 

El atardecer en la ubicación del Parador -una antigua fortaleza construída en lo alto de una loma, en la península de Monterreal- es un deleite para hipnotizar a cualquiera. Con unas excepcionales vistas a las Rías Baixas y a las Islas Cíes, el encanto del atardecer desde sus muros, nos hizo el previo del Camino como un viaje iniciático hacia el lado más espiritual de uno mismo.

 

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Después de despedirnos de nuestro amigo Diego y de ver esa maravilla de puesta de Sol, nos fuimos a dar una vuelta por este delicioso lugar. Recorrimos su centro histórico, y degustamos en la cena, algún plato típico de la zona, para posteriormente volver a la habitación del Parador con la seguridad de que a partir del día siguiente, aunque fuera corta, íbamos a vivir una experiencia única para nuestros sentidos. Nuestro Camino estaba a punto de empezar…

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