Como ya contábamos en nuestro post anterior, los días de crucero en el Riviera de Oceania Cruises han sido realmente inolvidables. La agencia Un Mundo de Cruceros junto con Pangea The Travel Store nos han invitado a vivir una experiencia de lujo “informal y casual” según ellos pero, según nosotros, ha sido una estancia llena de elegancia, buen gusto, gastronomía de primera línea y un servicio impecable.

Pero no solo el barco ha sido el responsable de que nos sintiéramos tan a gusto, también los destinos donde desembarcamos. Algunos nuevos para nosotros y otros no tanto, pero todos con una belleza especial que hace que la visita haya más que valido la pena.

El Riviera no hace una ruta circular ni mucho menos, sus itinerarios de viaje son diferentes entre sí. Nosotros, por ejemplo, embarcamos en Roma y terminamos en Barcelona, pasando por diversos puertos de Francia y España.

Itinerario de viaje

Día 1 – Roma.

Como ya sabéis, en Italia guardo afectos muy muy queridos, así que nos fuimos un día antes para darle la vuelta de rigor a la ciudad y ver a los amigos que nos ha ido regalando la vida. A la hora convenida, nos fuimos al puerto de Civitavecchia y nos fuimos en busca de la terminal donde estaría atracado nuestro barco. Una vez ahí, nos dieron el acceso correspondiente.

Apenas entrar, nos dimos cuenta de que era un barco con un aire exclusivo. No era exageradamente grande y, la decoración, aunque sobria, denotaba un cierto aire de distinción y elegancia. Nos fuimos directamente a nuestro camarote y nos encontramos con pequeños detalles, de esos que ya solo de verlos te alegran la vida. Entre ellos: una caja de bombones belga, una botella de vino tinto de Chianti y una cestita con frutas.

A continuación, nos dispusimos a dar una vuelta de reconocimiento por el barco, nos preparamos para nuestra cita en Martinis y luego nos fuimos a cenar al Red Ginger, especializado en platos asiáticos. ¡Una auténtica delicia!

Al terminar, nos fuimos directos a dormir. Habíamos tenido un día largo y nos tocaba recuperar fuerza.

Día 2: Villefranche-sur Mer (Niza)

Después de desayunar, nos preparamos para desembarcar en Villefranque-sur Mer, un puerto un pequeño y pintoresco ubicado entre Mónaco y Niza. Como ya habíamos estado en Mónaco en dos oportunidades, decidimos irnos a Niza, donde solo habíamos pasado de noche hace algunos cuantos años. Así que tomamos el tren y, por tan solo 3,60€, hicimos el trayecto Villefranche – Niza – Villefranche.

Como suele ocurrir con los cruceros, las visitas a las ciudades se deben hacer muy de prisa. Así que apenas bajamos en la estación de Nice Ville, nos dirigimos a la Avenida Jean Médecin. Pasamos por la Basílica de Notre-Dame de l’Assomption; por la Plaza Massena: la plaza principal de Niza, llena de bares, perfectos para tomarte un café mientras ves la gente pasar. Tiene un ambientazo y una luz preciosa; también nos detuvimos en la Promenade du Paillon, vimos como adultos, niños y hasta perros se divertían con los numerosos chorros de agua que emergían desde el suelo a capricho. Seguimos un poco más adelante hasta toparnos con ese mar tan azul y tan bonito. Finalmente, subimos hasta la Colline du Château para tener las vistas más bonitas de toda la costa.

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Durante este mismo día nos fuimos a recorrer la ciudad medieval de Èze. Esta vez lo hicimos en un tour guiado que se ofrecía a los pasajeros del barco y al cual fuimos invitados. Salimos en autobús desde el puerto de Villefranche. Recorrimos la vía serpenteante que bordea toda la costa azul mientras disfrutábamos de unas vistas espectaculares, pero las mejores aún estaban por llegar. En algún momento del camino nos desviamos y subimos durante unos cuantos kilómetros, al final del recorridos nos esperaba Èze para sorprendernos con su hipnotizante belleza.

Èze destaca principalmente por sus estrechas callecitas medievales, por sus fachadas de colores, por su jardín exótico que alberga diversas variedades de cactus y unas vistas increíbles de la costa azul. Una de las cosas que más me sorprendió de este pueblo es que parece una auténtica galería de arte a cielo abierto. Hay numerosas tiendas/galerías que exponen sus obras dentro y fuera de las mismas, y a mí, la verdad, todo lo que vi me encantó (y eso que no soy mucho de cuadros). También me cautivó el predominio del violeta a lo largo y ancho del pueblo. ¿La razón? la lavanda que se vende en todas las presentaciones posibles.

Día 3: Provence (Marsella)

Siendo Marsella una de las ciudades más grandes de Francia y habiendo tenido un solo día para recorrerla fueron pocos los sitios que pudimos conocer, pero sí pudimos al menos llevarnos un poco de la esencia de esta ciudad. La bienvenida nos la da su puerto, repleto de embarcaciones de todos los tamaños. Todo en la ciudad fluye en torno a él. Desde ahí subimos durante unos cuantos minutos hasta llegar a la Basílica de Notre-Dame de la Garde, también conocida como la Bonna Mère (la Buena Madre), a quien marineros, hinchas del equipo local, residentes y turistas rinden devoción.

La subida a la Basílica bien vale la pena, da igual que subas con el trencito de la ciudad o que subas andando, las vistas al puerto serán tu primera recompensa. También lo será la belleza del templo de estilo románico bizantino que te transportará seguramente a la Toscana y sus edificaciones renacentistas. En la cima del campanario se yergue una estatua de chapa de cobre dorado de la Virgen con el Niño de 11,5 metros. Da la impresión de que estuviese siempre vigilante y siempre protegiendo a los habitantes de Marsella.

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Virgen

Vistas

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Desde ahí, descendimos hacia el puerto nuevamente. Ya casi iba cayendo la tarde y, mientras, todo iba tornándose aún más bonito: las fachadas de los edificios junto al puerto, los barcos que lo ocupaban, las calles… Seguimos recorriendo por nuestra cuenta los tesoros de Marsella y nos topamos con el Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo dedicado a la conservación y estudio del patrimonio antropológico relativo a la zona europea y mediterránea. Este edificio se encuentra en el antiguo Fuerte de San Juan. Desde aquí se extiende una pasarela de de 130 metros de largo y que culmina con la Ville Méditerranée, un edificio con un diseño muy moderno y cuyo propósito es la crear un espacio de comprensión de la cultura mediterránea contemporánea. Este sitio nos encantó, sobre todo por su diseño y las espectaculares vistas al mar y a la Catedral de Marsella.

Puerto

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Catedral

Fuerte San Juan

Catedral

Villa Mediterranee

Día 4 – Sète

A primera hora de la mañana desembarcamos en Sète, una pequeña ciudad portuaria ubicada en la región de Occitania en Francia. Antes del crucero no teníamos ni idea sobre su existencia, así que íbamos con cero expectativa. Tan solo unos pocos pasos después, nos fuimos introduciendo en sus callecitas y canales y nos llevamos una muy agradable sorpresa. Una ciudad pequeñita nos daba la bienvenida, sus canales estaban bordeados por pequeñas embarcaciones que parecían ser de los vecinos de la zona; los puentecitos que unen las calles, como suele suceder en estos casos, otorgan mucho en encanto al lugar; muchos de los edificios que bordean la ría de estilo haussmaniano del s. XIX resaltan aún más su belleza.

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Seguimos caminando y nos topamos con una callecita comercial cuyo cielo eran unas sombrillas fucsias que además de proteger a los transeúntes del sol, llenaba de color el ambiente. Continuamos por una de las vías que llevan hasta el punto más alto de la ciudad, en la cima del Monte Saint-Clair. En el camino, encontramos casas preciosas con unas vistas alucinantes al mar. Después de un rato subiendo finalmente llegamos al mirador de Saint-Clair. Desde ahí se tiene una panorámica de 360º de Sète y sus alrededores.

También en la cumbre encontramos lo que para mí ha sido uno de los sitios que más me ha cautivado en todo el viaje: la Capilla de Notre Dame de la Salette, construida en 1861. Es una capilla pequeñita de techo abovedado y llena de frescos en su interior, donde también abundan los exvotos de sus feligreses. No sé explicar muy bien por qué, pero mientras estuve dentro de la capilla pude sentir una especie de magnetismo que hacía que no me quisiera ir de ahí. Estaba a gusto, “entretenida” tratando de descifrar el significados de los símbolos presentes en los frescos mientras sentía una energía tan deliciosa que me quedé prendada de este sitio.

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A continuación, empezamos nuestro camino de descenso en busca de los 12 Km de playa que conforman la ciudad. Al final, resultó no ser tan cerca como esperábamos y nos tocó conformarnos con un pequeño mirador desde el que se vislumbraba a lo lejos un pedacito de arena.

Día 5: Mallorca

Tan solo diez minutos después de desembarcar, nos quedamos rendidos ante la belleza monumental de su edificio más emblemático: la Catedral de Mallorca. Aunque la había visto mil veces en foto, es innegable que nos quedamos admirando su exterior durante un buen rato. Después de hacerle decenas de fotos, decidimos entrar y quedamos aún más extasiados. La luz que atravesaba los vitrales de colores que conforman el templo, crea un reflejo alucinante en sus paredes y suelo. La verdad es que los 7 € de entrada que pagamos para acceder bien valen la pena.

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Salimos y seguimos nuestro periplo por las callecitas del centro de la isla y nos fuimos a conocer los baños árabes de Palma, uno de los pocos ejemplares de la arquitectura musulmana que quedan en la zona. Es un sitio pequeño pero que por tan solo 2 € puedes entrar a conocer. Ahí verás la sala destinada para los baños calientes ornamentada con preciosos capiteles diferentes entre sí. Está muy bien conservado.

Continuamos caminando, nos topamos con el ayuntamiento y justo en una pastelería cercana nos tomamos la ensaimada de rigor. Ya un poco cansados, volvimos al barco a almorzar. Sabemos que volveremos y por más de medio día.

Día 5: Barcelona.

A primera hora de la mañana desembarcamos. El puerto de Barcelona es inmenso, de hecho es el más grande en número de cruceros en Europa y el cuarto en todo el mundo. Una vez hubimos salido, tomamos un autobús que nos dejó cerca de la zona de Mare Magnum. De ahí, caminamos hasta Plaza Cataluña y cogimos el autobús con destino aeropuerto.

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No había tiempo que perder, debíamos tomar el vuelo de vuelta a Madrid desde donde saldríamos al día siguiente a hacer El Camino de Santiago.

One Comment on “Seis destinos de lujo en el Mediterráneo

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