Mi primer viaje en familia al extranjero fue un crucero por el Caribe, cuando salían desde el Puerto de La Guaira, en Venezuela. Tenía tan solo once años y lo recuerdo con muchísimo afecto. Recuerdo que dormíamos en un camarote interior, sin ventanas y, aún así, a mí me parecía estar viajando a bordo del barco más lujoso del mundo.

Cuatro años más tarde, como regalo por mis quince años, mis padres me obsequiaron un viaje a bordo de un crucero de quinceañeras. Eramos 75 chicas de la misma edad recorriendo las islas del Caribe, sin padres, solo con un chaperón (un chico que enviaba la agencia de viajes para cuidarnos y que, por cierto, me encantaba ❤ ❤ ❤ ), y unas ganas inmensas de conocer los sitios donde desembarcábamos, sola y por mi cuenta. En esta oportunidad el barco salía desde Miami, era mucho más lujoso que el anterior y teníamos vista al exterior. Sin embargo, el primero es el primero, y ese es el que recuerdo con más cariño. ¡Gracias, papá, por alimentar mi vena viajera desde pequeña!

Crucero de quinceañeras - 1996

Cena en el Century

Crucero de quinceañeras

Todas en la piscina del Century

Con el pasar de los años empecé a viajar con mi mochila a otras latitudes hasta que me mudé definitivamente a Europa. A los cruceros, también con el pasar del tiempo, les empecé a agarrar un poco de idea. Cada vez los veía más masificados y más amenazantes para el medio ambiente. El impacto, no solamente en el mar sino en cada ciudad que desembarcan cientos y cientos de personas, en decenas de barcos cada día, es contundente y no siempre positivo. Por este motivo, la idea del crucero la dejé aparcada en el último de mis cajones de viaje.

No fue sino hasta finales del año pasado cuando recibí una invitación para viajar a bordo de un barco por el Mar Mediterráneo. Sería en una de las embarcaciones de la prestigiosa compañía Oceania Cruises: el Riviera. Cuando me invitaron me dijeron que no había dress code porque no había que llevar smoking, y menos mal porque si no, lo teníamos complicadillo para asistir 😉  Una vez más descubrí que lo que para mí era el super lujo, en el “mundo real” no lo era. Quizás porque el que me dijesen que las suites habían sido decoradas con creaciones Ralph Lauren Home, o porque los artículos de cosmética de nuestro camarote hayan sido de Bulgari, o porque el director ejecutivo del restaurante francés del barco haya sido el chef del mismísimo Charles de Gaulle o porque la dedicación de la tripulación sea casi en exclusiva para cada huésped… no sé, se me hacía difícil, y aún se me hace, asumir que esta sea una experiencia tan informal como la pintan e imaginar cómo sería un crucero de lujo auténtico.

Riviera - 2017

Piscina del Riviera

El Riviera

El Riviera es un barco de reciente creación. Fue construido en 2012 y remodelado en 2015. Cuenta con una capacidad máxima de 1250 huéspedes en camarote doble y 800 tripulantes. Si hay algo que atrae a sus clientes es el protagonismo que envuelve a la gastronomía. Tiene seis restaurantes gourmet y un centro culinario que presume de ser la única escuela que ofrece cursos prácticos de cocina en el mar. También cuenta con minicanchas de padel y minigolf, gimnasio con vista al mar, spa, biblioteca, discoteca, sala de cartas, entre otros.

Gimnasio con vistas

Gimnasio con vista al mar

Padel a bordo

Padel on board

Biblioteca del Riviera

Leyendo como todo un señor 🙂

Minigolf a bordo

Minigolf a bordo

Habitaciones y suites

Los espacios que conforman las habitaciones y las suites del Riviera son sumamente amplios. Los interiores están decorados con maderas refinadas, telas brillantes, muebles hechos a medida y obras de arte originales. Durante toda nuestra estancia, nuestras habitaciones fueron el centro de acopio de delicados detalles: una cesta de frutas con una botella de buen vino, una caja de chocolates belgas, minibar con refrigerador equipado con refrescos de cortesía ilimitados, productos bulgari, delivery diario de un par de miniperiódicos con las noticias más relevantes del mundo y de España, una cama enorme y comodísima, y un balcón para poder sentir la fuerza del mar en cualquier momento.

Habitación Riviera

Habitación Riviera

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Regalos de bienvenida

Balcón con vistas

Balcón con vistas

Restaurantes a bordo

Gran Dining Room: es el restaurante más grande de todo el barco. La elegancia que lo caracteriza evoca a los restaurantes de los hoteles 5* más prestigiosos del mundo. Los menús cambian todos los días e incluyen una brillante selección de al menos diez entremeses, sopas y ensaladas, y doce platos principales para la cena. No es necesario reservar.

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Salón del Grand Dining Room

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Polo Grill: especializado en las famosas carnes a la parrilla estadounidenses. Las costillas asadas son las consentidas del restaurante, aunque los pescados y los mariscos también son una excelente opción para una cena ligera. Requiere reserva.

Toscana: ¡Mamma mia… ma che delizia! Degusta los platos tradicionales de la gastronomía toscana de la mano de un equipo culinario de primera. Cada plato se convierte en una auténtica obra de arte. El lienzo: una elegante vajilla de Versace con un diseño personalizado. Requiere reserva.

Jacques: podría considerarse como la joya de la corona. Para cenar en este restaurante francés, se tiene que hacer la reserva con la mayor antelación posible. El prestigio que precede a su chef ejecutivo Jacques Pépin y sus deliciosos platos hace que sea al restaurante más demandado. Lógicamente, requiere reserva.

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Langosta Thermidor (my favorite one 🙂 )

 

Red Ginger: el sitio perfecto para degustar de versiones contemporáneas de platos asiáticos tradicionales. Si viajas con varias personas, pedir varios platos para compartir sería un gran acierto. La mezcla de lo dulce y lo salado se convierte en una fiesta para el paladar. Requiere reserva.

Terrace Café: el sitio perfecto para desayunar, almorzar o cenar en un ambiente relajado pero con un sutil aire de formalidad. Aquí podrás degustar de una amplia variedad de platos internacionales sin la necesidad de hacer reserva.

 

Waves Grill: el único y verdadero sitio informal donde comer. Aquí podrás degustar de platos de sencilla preparación como hamburguesas, sándwiches o incluso smoothies de frutas en la orilla de la piscina.

Además de estos restaurantes, el Riviera cuenta con sitios específicos donde poder disfrutar de tu bebida favorita:

Té de la tarde: a las cuatro de la tarde, se da cita en el Horizon un cuarteto clásico de cuerdas para ambientar la ceremonia del té mientras degustas pequeños emparedados, coloridos petits fours, “scones” con crema espesa y tentadores postres.

Baristas: la parada obligada de Antonio cada tarde. El sitio perfecto para degustar un delicioso café italiano.

Privée: el comedor más exclusivo del barco, con capacidad para tan solo diez personas. Aquí podrás celebrar una reunión privada, una fiesta muy íntima o una comida con nueve comensales más.

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La Reserve by Wine Spectator: el lugar donde se ofrecen seminarios reveladores, degustaciones y maridaje de comida gourmet.

Y, por supuesto, Room Service 24 horas.

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Y además de comer, ¿qué puedo hacer en el Riviera?

Salvo aburrirte, tienes de todo para hacer. Eso sí, no esperes las típicas clases de baile a orillas de la piscina. Aquí podrás recibir clases de pintura bajo la batuta de talentosos artistas en el Artist Loft. Podrás disfrutar de un espacio espectacular para sentarte a leer tu libro favorito: la biblioteca. Uno de los sitios que más nos gustó de todo el barco. Tiene una decoración muy clásica, con cierto aire aristócrata y unas vistas al mar que no sabrás si leer o quedarte tonto contemplando el horizonte. Pero si lo tuyo son las compras, debes saber que cuentas con tres boutiques donde podrás adquirir perfumes, joyas y ropa de marca a precios libres de impuesto. También podrás retar a la suerte en Casinos at Sea, o disfrutar de un exquisito Martini en un ambiente íntimo con el sonido que emerge del piano que está al fondo de la sala, o bailar hasta que te queden ganas en la discoteca. Darte un baño en la piscina durante el día, también es una excelente opción. Y si quieres abandonarte definitivamente a los placeres del relax, no dejes de visitar el Canyon Ranch Spa.

¿Cuál es el perfil de las personas que deciden pasar sus vacaciones a bordo de este barco?

A ver, ¿cómo decirlo sin que tire por la borda todo lo que te he contado?… Bueno, aquí vamos… El cliente asiduo de este barco suele ser de origen norteamericano y con una edad media de 75 años. Pero espera, que no todo son desventajas en este sentido. Piensa que podrás disfrutar de unas vacaciones muy relajadas, que tengas la edad que tengas, siempre vas a ser un teenager en comparación con el resto de pasajeros y que podrás bailar con un señor de 92 años en la discoteca, que no para en toda la noche hasta que se va el último de los presentes y que asiste día sí y día también a su cita con la rubia de turno que acceda a bailar con él.

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Dándolo todo 🙂

Debo decir que en lo personal esta experiencia me ha reencontrado con los cruceros. No he cambiado de opinión sobre lo que pienso del impacto que causan, pero tampoco puedo negar que lo pasé de lujo, literalmente. Me hicieron falta días para disfrutar de todo las actividades que ofrece y para poder sacar a bailar al jovenzuelo de 92 años. Aunque por lo que pudimos percibir, le gustan solo las rubias 😉

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No te pierdas nuestra próxima entrega con los sitios que visitamos… 😉

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Próxima parada…

 

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