No cabe duda que uno de los aspectos más característicos y llamativos de Malta es su arquitectura. Su aspecto decadente pero conservado a la vez, le otorgan un carácter fascinante que hace que sus fachadas se conviertan en las protagonistas predilectas de las instantáneas de los cientos de transeúntes que diariamente pasean  por sus calles. La Valeta, es la ciudad donde esta arquitectura se hace mucho más patente pero también  sus hermanas de enfrente, las Tres Ciudades: Vittoriosa, Senglea y Cospicua, hacen gala de su particular belleza.

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En nuestra visita, decidimos decantarnos por el ferry como medio de transporte para ir a conocerlas. El precio del billete de ida y vuelta es de 2.80€, y se coge justo en la planta más baja donde te deja el ascensor que está en los Upper Barrakka Gardens. Enfrente verás el puerto, no hay pérdida.

Para nosotros esta fue y sigue siendo la opción más acertada. La posibilidad de hacer una entrada pausada por el mar, disfrutando de las espectaculares vistas que nos regalaban ambos extremos del canal,  fue un auténtico acierto. Justamente en este breve paseo de 20 min, las fachadas de las que os hablaba, nos iban dando la bienvenida. Sus fortalezas, desde el minuto uno, se encargaron de imponerse de entre el resto de construcciones, dejando clara la jerarquía que ostentan, legitimada por la historia que las precede.

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De hecho, el Fuerte St. Angelo ubicado en Vittoriosa (antigua Birgu),  fue la fortificación principal donde los Caballeros de San Juan resistieron los embates promovidos por los turcos, 40.000 para ser exactos, durante el Gran Sitio de Malta en 1565. Otro de los sitios emblemáticos de esta ciudad,  por toda la historia que conservan sus paredes, es el Palacio del Gran Inquisidor.  Este edificio fue la sede del Palacio de Justicia en sus orígenes, a principios del siglo XVI, y llevaba el nombre de Castellania. No fue hasta 1574 cuando el Gran Maestro Jean de la Cassière ofreció este edificio al que fuera conocido como primer inquisidor Pietro Dusina, quien no solo trasladó su residencia a este sitio sino que también lo convirtió en sede de la Inquisición, del tribunal y  de las prisiones. Hoy en día abre sus puertas a los visitantes que quieren conocer un poco más sobre este período de terror que se extendió por varios países de Europa. El valor de la entrada es de 6 €.

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Vittoriosa también ha servido como set cinematográfico de grandes producciones como El Gladiador. Cuando nosotros fuimos, justo en la zona donde se coge el ferry, se estaba grabando lo que parecía ser una peli. Había personajes caracterizados por todas partes y no nos estaba permitido hacer fotos. Incluso, mientras hacíamos el paseo en la embarcación desde La Valeta, había personal de seguridad a bordo que supervisaba que ninguno de los que viajábamos pudiéramos registrar nada de lo que se estaba llevando a cabo enfrente de nosotros. ¡Cosas del cine! :-/

En cuanto a Senglea y Cospicua, las recorrimos un poco a nuestro aire. La verdad es que la Cottonera es muy fácil de transitar sin perderse. Las ciudades son realmente pequeñas y están pegaditas unas de las otras. Lo más bonito de las tres, son sus callecitas estrechas, custodiadas por sus coloridos balcones de madera.

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Como el ferry nos dejó en Cospicua, fue ahí donde comenzamos. El hambre empezaba a hacer de las suyas y ya eso se convierte en fracciones de segundos en un “aquí te pillo, aquí te mato“. Lo primero que vimos fue un restaurante de kebbab y, una vez comimos, empezamos a caminar. Enseguida, nos topamos con la fachada de la Iglesia de Santa Teresa, construida por la Orden de las Carmelitas Descalzas en honor a Santa Teresa de Jesús.

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Siguiendo el camino delimitado por la orilla del puerto lleno de yates y embarcaciones pequeñas, nos encontramos en Senglea, la más pequeña de las tres. Solo 0, 2 Km se extienden por su jurisdicción. Lo más destacado de la ciudad es el Fuerte de San Michael, construido en 1550 y con gran relevancia histórica durante los eventos acaecidos durante el Gran Sitio.

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Al final de la tarde y con luz del atardecer resaltando aún más la belleza de las fachadas de las casas, emprendimos el camino de vuelta a La Valeta. Los actores que no pudimos fotografiar horas antes parecían haber terminado la jornada. La vida en el puerto también se iba apagando y nosotros, con el cansancio y la satisfacción del primer día de viaje, también. Ya solo nos quedaba descubrir el camino hacia nuestro hotel.

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