peregrino

Escultura de un peregrino frente al Parador nacional de León

 

Transcripción del diario de mi primer Camino, junio 2001:

«El Camino es como la vida, o así debería de ser. Tiene un inicio y un fin. Nadie sabe dónde ni cuándo termina. Tienes tus buenos y malos momentos, como en la vida, y su significado es muy profundo. Es la búsqueda del equilibrio espiritual. No existe nada tan gratificante en este mundo que el esfuerzo personal voluntario de alguien por alcanzar un fin. Y si este esfuerzo además tiene un significado, el resultado puede ser extasiante. Si mezclas esto con conocer lugares, gentes, culturas, sentirte libre (realmente libre), levantarte o acostarte cuando lo necesites, caminar o descansar cuando quieras, comer o no cuando te apetezca… encuentras tu paz interior.

Así deberíamos vivir, sin los grilletes que la sociedad impone. El verdadero  Camino empieza en Santiago»

Como podéis observar, es fácil y a la vez muy complicado describir qué es exactamente el Camino de Santiago. Es el principio de todo, son los medios que justifican el fin y es el fin en sí mismo. Es la magia que te lleva una y otra vez. Es la guía de la depuración espiritual. Es la vía de nuestra introspección. Es nuestra justificación de quitarnos la coraza que nos defiende diariamente. Es el pecho en descubierto para que afloren todos nuestros sentimiento sin miedo al ridículo. Es la vida.

Un poco de Historia

Desde tiempos infinitamente pretéritos, el ser humano siempre ha tenido inquietudes por las dudas insondables que nos rodean. Tan es así que en su inquietud por conocer, se lanzó al viaje más peligroso y con menos esperanza de éxito de los que se puedan llevar, conocer el fin del mundo. Como ya sabemos, durante muchos siglos y dependiendo de los estratos sociales, se creía en la planitud de la Tierra, así que no eran pocos los que directamente deseaban conocer donde cada día el Sol iba a morir. Y en ese viaje se lanzó el aventurero arcaico, llegar a los confines del mundo conocido, en este caso Galicia (Finisterrae), donde vería con sus propios ojos como el mar se alimentaba un día más de nuestro astro Rey.

Allá por el año 711 el Califato Omeya inicia su conquista sobre el territorio peninsular, bajo el declive del reino visigodo. En unos dos años logran apoderarse con tres cuartas partes de la Península ibérica ,dejando tan solo un reducto de resistencia cristiana en la zona de la costa cantábrica. Hasta aquí la conquista fue rápida y relativamente tranquila. Tras la victoria de Covadonga en el año 722, se crea un “Reino Cristiano” fundado por Pelayo, cuya capital se va desplazando de Cangas de Onís a Pravia, y finalmente a Oviedo. Al norte de los Pirineos, los francos no han abandonado la idea de vencer a los visigodos y conquistar la Península.

En esta época tan convulsa tanto militarmente como políticamente -había una lucha abierta entre Toledo Oviedo por ser reconocida como Capital Cristiana-, el norte peninsular necesitaba ser reforzado cristianamente frente al sur. En la parte sur de la Península se encontraban las tumbas de los siete primeros Varones Apostólicos, que la Roma de San PedroSan Pablo habían mandado a esta tierra para evangelizar. Por tanto, el reino de Oviedo escoge la de una evangelización procedente directamente de Tierra Santa:  la evangelización de Santiago, uno de los apóstoles más cercanos a Cristo.

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Bicigrino: peregrino en bicicleta

El Descubrimiento

Transcurre el año 830. Un eremita llamado Pelayo decide informar al obispo Teodomiro de los sorprendentes fenómenos acaecidos en torno al denominado campus stellarum. Una vez allí, y tras comprobar la veracidad de los hechos, impuso tres días de ayuno colectivo en espera de recibir alguna señal del cielo. Expirado este plazo, el obispo volvió al lugar acompañado de una multitud de fieles, y fue entonces cuando se produjo el maravilloso hallazgo del arca marmórea con los restos del hijo de Zebedeo. El impacto fue verdaderamente espectacular; la gente se agolpaba para ver sus reliquias y pronto, la iglesia primitiva erigida por Alfonso II se quedaría pequeña para albergar tantos peregrinos, obligando a Alfonso III, a levantar una nueva basílica más amplia y digna en el año 899. La afluencia de visitantes no solo fue incrementándose, sino que además comenzaron a llegar extranjeros procedentes de otros reinos hispánicos o incluso de remotos territorios europeos. Escandinavia, islas Británicas, Irlanda, los principados y ducados del Sacro Imperio, Flandes, Borgoña, Normandía, Aquitania, los estados italianos…. son algunos de los lugares de origen de donde, según el Códice Calixtino, procedían los peregrinos que buscaban la tumba del Hijo del Trueno.

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Campos de Castilla, cerca de Burgos.

 

Y ¿por qué El Camino?

Transcripción del diario de mi primer Camino, junio 2001:

«Aún me sigue preguntando la gente que por qué voy a hacer el Camino de Santiago -extrañados- ¡y solo! ¿Acaso yo les pregunto por qué aplastan su culo para estar cuatros horas en Stand by viendo Tele 5? ¿O por qué tienen que comerse un atasco de todo un día para llegar a una playa donde hay más gente que en Madrid? Realmente… ya no sé lo que pensar. Debe ser que ahora lo moralmente correcto es no pensar por ti mismo. Dejar que lo que te rodea sea dueño de ti y llegar a ser un hombre gris.

Qué hipócrita soy: voy a intentar desarrollar mente y espíritu en el Camino, a parte del esfuerzo gratificante que supone el llegar al destino día tras día. 

Quiero desconectar un poco. En realidad, al desconectar, estoy conectando mi mente: dejar que piense por ella misma; dejar libertad a mis sentidos, que afloren libremente sin preocuparme cuál de ellos puede dejarme o no en ridículo en público… ¿y qué es ridículo?: esta palabra no existiría si no hubieran roles sociales que te marquen en un determinado contexto, dentro de una jerarquía estúpida, que la gente se empeña en imponer…»

 

Hay numerosos motivos por los que hoy en día se hace EL Camino: religión, deporte, viaje, promesa, devoción, aventura… Para mi la respuesta del por qué se me torna bastante sencilla: la fe. Esa fe que te mueve a hacer cosas en la vida, a buscar, a descubrir lo que hay dentro de ti, a confiar, a vivir.

El Camino por norma general llega solo a tu vida, sin estar buscándolo. Un día, de repente, alguien te cuenta, ves un reportaje o lees un libro y está ahí. Y a partir de ahí, si realmente te engancha, te intriga, te mueve, éste no vuelve a separarse nunca de tu vida. Es el karma del Camino, karma al que profeso una gran devoción, ya que me ha hecho observar; antes  solo veía. Me ha hecho sentir; antes solo me dejaba llevar. Me ha hecho buscar; antes solo esperaba. Me ha hecho vivir; antes solo pasaba por aquí…

Mi primer Camino fue agradeciendo al karma, destino, dios, energía… que me hubiera recuperado de una grave lesión en el tobillo izquierdo. En otra ocasión se lo dediqué a mi tío, que había fallecido recientemente. Una vez fue para resetearme de la vida, la cuál me acababa de dar una bofetada indolente. Fue precisamente en ese Camino donde conocí a la que hoy en día es mi compañera de vida y aventuras, Beatriz.

Uno de los más especiales fue el Camino de miel. Pues sí, fue la luna de miel hecha Camino. Puede que suene un poco friki, pero la experiencia de hacerlo al lado de mi esposa fue algo increíble.

El por qué del Camino no tiene lógica ni sentido común. Es un feeling que llega y que te demanda hacerlo sin demora, ya que cuando te cala, no hay forma de dejar de pensar en él…

Ultreia.

az

Muxía

 

 

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